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La incierta reforma tributaria y sus efectos

"El equipo del ahora Presidente parece haber anticipado de buena forma que darle certeza tributaria a los contribuyentes era la mejor forma de atraer potenciales inversionistas. Sin embargo, la implementación no ha sido exitosa: el proceso de creación de una nueva reforma que otorgue seguridad tributaria ha generado el efecto contrario".

Paris Norambuena

Corría el año 2017 y en plena campaña presidencial el equipo de Sebastián Piñera presentaba su programa de gobierno, el que confirmaba la intención de presentar un proyecto de ley que “corrigiera” la reforma de la administración de Michelle Bachelet.

“Por ello, nuestro firme compromiso es volver a poner en marcha nuestra economía mediante el restablecimiento de la confianza, una corrección de la actual reforma tributaria, un fuerte impulso a la inversión y una agenda de reformas pro competitividad, innovación y emprendimiento.
[…] Volver a crecer, crear empleos y mejorar los sueldos, porque no hay mejor política de
desarrollo que el crecimiento, ni mejor política social que el pleno empleo. Para lograrlo corregiremos los errores de la reforma tributaria, introduciendo certezas e incentivos para el ahorro y la inversión […] Crear un sistema tributario más simple y justo que, manteniendo la carga tributaria global,
estimule el crecimiento, el empleo, la inversión, el emprendimiento y la innovación.
[…]Reducir y simplificar la carga administrativa de la reforma tributaria, especialmente para las Pymes, y otorgar mayor seguridad jurídica a empresas y personas.”

El documento insistía en la necesidad de modificar el sistema tributario para “restablecer la confianza”, “introducir certezas” y “otorgar mayor seguridad jurídica a empresas y personas” como la receta para destrabar la inversión y el crecimiento económico. Al parecer con justa razón.

Y es que hace un par de semanas la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Fondo Monetario Internacional publicaron una actualización del Reporte sobre Certeza Tributaria (“Update on Tax Certainty 2018”), documento dirigido a las autoridades de los países del G-20, sobre los efectos de la seguridad tributaria en la inversión.

Paris Norambuena

La investigación, basada en una encuesta de la OCDE, muestra que en la América Latina las decisiones de inversión se ven afectadas en mayor medida por el nivel de corrupción del país, seguido por la estabilidad política y solo en tercer lugar por el marco tributario.

Dentro de los aspectos tributarios que inciden en la inversión en la región, el documento explica que la incerteza de la tasa del impuesto corporativo es el factor que más afecta las decisiones de negocio, seguida por la inseguridad acerca de los créditos. devoluciones y carga total del IVA y otros impuestos al consumo.

Finalmente, el estudio explica que la medida que más destacan las empresas encuestadas de países de la OCDE para ganar certeza tributaria es, paradójicamente, no hacer cambios legislativos tan frecuentes.

En síntesis, el documento viene a confirmar que lo más valorado por los inversionistas desde el punto de vista tributario es lo que conocemos como “tener las reglas del juego claras”.

De esta manera, el equipo del ahora Presidente parece haber anticipado de buena forma que darle certeza tributaria a los contribuyentes era la mejor forma de atraer potenciales inversionistas. Sin embargo, la implementación no ha sido exitosa: el proceso de creación de una nueva reforma que otorgue seguridad tributaria ha generado el efecto contrario.

Al parecer el gran error del gobierno fue generar grandes expectativas sin sustento. Durante la campaña y los primeros días de gobierno los discursos sobre reconstrucción tributaria dejaron por las nubes las expectativas de empresarios, gremios y todos aquellos actores llamados a hacer crecer la economía, discursos que a poco andar se fueron diluyendo por la realidad de un presupuesto ajustado, de un cobre a la baja y de un panorama macroeconómico que nos dice que no volveremos a ser el jaguar. Además de un congreso mayoritario de oposición.

Poco a poco se ha hablado de una modernización tributaria más que de una gran reforma, descartándose por ahora una disminución del impuesto corporativo, pasando a ser el gran caballo de batalla de este ajuste una eventual reintegración tributaria (que el impuesto corporativo vuelva a ser totalmente acreditable contra impuestos personales).

La estrategia comunicacional de Hacienda tampoco ha ayudado. No hay claridad respecto al contenido de la reforma ni el plazo en que se presentaría a discusión el proyecto. Se habla de agosto, septiembre, de un “90% listo”. Se ha hablado de impuestos digitales como una forma de congraciarse con las empresas locales y compensar la mantención del impuesto corporativo, pero no se ha dicho una sola palabra respecto a su implementación. Se ha hablado de cortar exenciones de IVA, pero nadie sabe si su negocio se verá afectado.

Así, lo que comenzó como una forma de volver a dar confianza a los inversionistas locales y extranjeros para destrabar la actividad económica, hoy parece producir más incertidumbre que nunca, además de desilusión por las expectativas formadas. Todo esto sin considerar el incierto resultado en el congreso: meses de discusión y más incertidumbre.

No estoy seguro si este clima es mejor para la economía que simplemente haber seguido con el sistema actual, con algunos ajustes y sin grandes promesas. Un sistema complejo, pero ya conocido.

Paris Norambuena

Abogado de la Universidad de Chile especialista en tributación y economía digital. Actualmente se desempeña como gerente de impuestos internacionales y política fiscal de EY.

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