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La manipulación de nuestros sesgos cognitivos: una política de Estado

"Conociendo los sesgos de las personas, es posible entonces conducirlas hacia ellos, mediante la técnica del nudge. Si sé que las personas toman decisiones por defecto, puedo conducirlas a tomar la decisión que yo prefiero, aparentemente sin quitarles la libertad, mediante estas técnicas".

Por Ezio Costa Cordella

Desde hace algunos años la economía del comportamiento ha venido incorporándose cada vez más en el quehacer de quienes estudian la regulación o se relacionan directamente con ella. Entre los principales responsables de esto están los influyentes libros de Daniel Kahnmeman, “Pensar Rápido, Pensar Despacio” y de Cass Sunstein con Richard Thaler (ganador del Nobel de Economía en 2017), particularmente su obra “Nudge”. Ese término, sin traducción al español, quiere decir algo así como “un pequeño empujón” y de hecho esa es la traducción que se le dio al título del libro.

La Economía del Comportamiento se ha preocupado especialmente de estudiar nuestros sesgos cognitivos, que son los dispositivos biológicos o psicológicos que nos empujan a tomar decisiones de una determinada manera, que podría considerarse irracional. Los sesgos son inherentes al ser humano, muy difíciles de controlar individualmente y muy fáciles de predecir, cuestión que ha ido avanzando a medida que la ciencia ha estudiado, clasificado y descrito los sesgos cognitivos (también llamados heurísticas o irracionalidades).

Así, por ejemplo, de acuerdo al sesgo del default (opción por defecto), en un porcentaje abrumador de las veces, puestos frente a diferentes opciones elegiremos aquella que se nos presente como la opción por defecto (piense en la última vez que instaló un software). Por supuesto, ese predecible comportamiento tiene variables y los estudios se han enfocado en conocerlas. En lo que nos importa, cada vez hay más información disponible sobre con cuales condiciones y con cuales no, tomaremos decisiones en línea con nuestros sesgos.

Ezio Costa Cordella

Conociendo los sesgos de las personas, es posible entonces conducirlas hacia ellos, mediante la técnica del nudge. Si sé que las personas toman decisiones por defecto, puedo conducirlas a tomar la decisión que yo prefiero, aparentemente sin quitarles la libertad, mediante estas técnicas. El marketing ha usado este conocimiento desde sus inicios, cuestión que en parte explica varias de las cosas de más que usted compró en 2018 y ahora está botando  gracias a los consejos de Marie Kondo. La política comenzó a hacerlo también, de la peor manera, en los últimos años, y esto explica en parte esos reenvíos de Whatsapp que recibió de un tío, en que se asegura que los parlamentarios se auto asignaron un aguinaldo de 3 millones de pesos o que el gobierno de Michelle Bachelet tenía un acuerdo monetario con la ONU para recibir haitianos. Quizás también explica, en parte, su voto.

La discusión ha estado puesta sobre la factibilidad y legitimidad de que el Estado use ese conocimiento para las políticas públicas, de forma de conducir a las personas de manera más efectiva hacia los objetivos de las mismas. Esto, a propósito de que al menos ya en USA y en Reino Unido existen las llamadas “nudge units”, organismos encargados de propiciar, promover y facilitar el uso de nudges en las políticas públicas. Una unidad de este tipo podría hacerse realidad en Chile también.

¿Es legítimo que el Estado use el conocimiento sobre nuestros sesgos para conducir nuestras decisiones? Esa pregunta es muy delicada, pues envuelve una serie de conceptos que consideramos fundamentales en la construcción de la sociedad. En primer lugar, vivimos bajo dos supuestos que son puestos en duda de manera radical por el conocimiento de la economía del comportamiento. Por una parte, nos creemos libres y capaces de tomar decisiones de manera voluntaria, lo cual nos hace responsable de ellas. Por otra parte, nos creemos económicamente racionales y capaces de interactuar con esa capacidad en el mercado. Si ambas presunciones son puestas en duda, vale la pena preguntarse cómo haremos frente a la realidad de que nuestras decisiones no son tan libres como parecen, ni tan racionales como hemos querido creer.

Frente a ello, un primer acercamiento probablemente va en la línea de preferir que el Estado no utilice esta herramienta, pues vulnera nuestra libertad. Ese acercamiento debe ser matizado, sin embargo. Los sesgos no nos permiten elegir racionalmente, eso implica que el mercado no funciona como se supone y lo anterior debe ser corregido por el Estado, precisamente para garantizar nuestra libertad. Con la misma lógica, el uso adecuado de la herramienta puede ayudar a proteger otros derechos. Por último, con límite en los derechos fundamentales, por lo demás, hemos concebido al Estado como una entidad que no solamente puede guiar nuestras acciones, sino que más aún optar por nosotros, pues somos nosotros mismos representados.

La cuestión está entonces más bien en dos cosas. Primero, cuales son los límites del uso de los sesgos para no afectar los derechos fundamentales, y segundo cómo se legitimaría democráticamente una disposición que se ejecute en relación con nuestros sesgos. La preocupación finalmente, es por el poder que entrega esta herramienta a quien está en posición de manipularla, que es excesivo.

Esto nos lleva al último punto. Hay quienes disfrutan actualmente de ese poder excesivo y lo explotan en perjuicio nuestro y beneficio propio. Como decíamos, el uso de nudges está muy presente ya en la venta de bienes y servicios, así como en el proselitismo político. Y no en la manera amateur tradicional de la seducción y el dolo bueno, sino de manera profesional y científica, manipulando nuestras decisiones. Hay algo mucho más perverso en esto, Algo ciertamente ilegítimo.

La creación de una nudge unit en Chile debiera entonces preocuparse no sólo de cómo mejorar las políticas públicas con el uso de esta herramienta, sino que a la vez de como regular y combatir el mal uso de ella por parte de los actores del mercado y la política. Si el Estado quiere abordar seriamente el conocimiento sobre los sesgos, probablemente lo central sea que vuelvan a asegurarse ciertas condiciones mínimas de libertad, para que luego desde allí decidamos cómo decidiremos.

Ezio Costa

Abogado, Universidad de Chile. Magíster (Msc) en Regulación, London School of Economics (LSE). Cursa el doctorado en Derecho, Universidad de Chile. Director Ejecutivo en ONG FIMA e Investigador del RegCom y el MIPP de la Universidad de Chile.

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