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Nueva presidenta de la FECH: “Pretendemos aglutinar una defensa de la educación pública feminista”

Entrevista a Karla Toro, egresada de Derecho, integrante de Izquierda Autónoma, sobre el mercado legal actual.

Karla Toro, presidenta FECH

El 19 de julio, Karla Toro asumió la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), reemplazando al renunciado Alfonso Mohor, quien había sido suspendido por 3 meses por un supuesto encubrimiento de acoso laboral a una funcionaria en 2017, cuando era presidente del Centro de Alumnos de Ingeniería (CEI), frente a lo cual prefirió renunciar para dar continuidad de gestión a su lista.

Karla con k, como siempre corrige al presentarse, estaba realizando su práctica profesional y debió suspender el proceso de escritura de su tesis para asumir este nuevo cargo.

Toro, quien también es Técnico en Administración de Empresas, participó con anterioridad en el Centro de estudiantes de la Facultad de Derecho, fue consejera FECH y activista feminista.

— ¿Cuál es tu percepción de la enseñanza del Derecho? ¿Sientes que tu generación está adquiriendo conocimientos y habilidades que le servirán cuando se titule?

“A nivel nacional, la carrera es bien estructurada y enmarcada en términos de lo que dicen los códigos, en una metodología que implica un aprendizaje bien memorión. Hacen falta cambios en la enseñanza para que los estudiantes no solamente repitan normas, sino que también puedan en un futuro desarrollar teorías. Falta que el área legal se relacione más con el mundo social, que siempre va más adelantado que el Derecho.

Uno ve que los abogados, cuando egresan de nuestra Facultad, tienen el mercado más abierto en el campo privado que en el público. Por ejemplo, a nivel nacional es la Universidad Central la que más está ingresando abogados a trabajar al Estado y no la Chile. Entonces, cuando nos cuestionamos dónde vamos a trabajar, ya estamos orientados al mundo privado”.

— ¿A qué mercado legal entrarán tú y tus contemporáneos?

“A nivel de los estudiantes existe una necesidad importante de enfocar los estudios en dirección al mundo público. Nuestras mallas están enfocadas en derecho privado; entonces las discusiones de remuneraciones también van de la mano con cuál es el espacio en el que quieres trabajar.

Por un lado, sabemos que en el mundo privado los sueldos generalmente son bien altos, pero eso va acompañado de explotación laboral y de una precarización que sufren los trabajadores: las jornadas laborales no tienen horarios que se respeten como en el sector público. La discusión entonces es si para ganar 3 o 4 millones de pesos tengo que entregarle 12 horas del día al estudio jurídico que me contrató. Muchas personas creen que sí y ahí no están bien nivelados el derecho del trabajo con las remuneraciones”.

— ¿Cómo está el ambiente en la Facultad? ¿Qué valores le están entregando a los estudiantes los profesores como modelo de relaciones laborales e interpersonales?

“Este año, a raíz de las movilizaciones feministas, hemos empezado a cuestionar paradigmas del Derecho y los valores asociados, no solamente las estudiantes, sino también profesoras y funcionarias. Si antes era el hombre el que generalmente iba a trabajar y la mujer se quedaba en la casa, desde ahí hoy cuestionamos cómo se estructura el derecho de familia, que subyuga a la mujer al trabajo en la casa, subyuga a la mujer a lo que debería ser el hombre; y por otra parte, también en el área penal nos cuestionamos por qué somos nosotras quienes debemos responder el por qué nos están violando o acosando. Ahí han jugado un rol muy relevante las académicas del Derecho. Se están pensando nuevas maneras de concebir el feminismo dentro del Derecho. Se ven ánimos de movilización y de cambiar la manera de ver el Derecho, entregándole este componente feminista”.

— Hace varios años que Derecho de la UC aparece como la mejor de Chile en rankings internacionales ¿qué opinas al respecto? ¿en qué crees que podría o debería mejorar la Escuela?

“Cuando enmarcamos la enseñanza del Derecho en los rankings existen varios problemas, porque ellos tienen cánones en los que se orienta a la masa de egresados en el mercado laboral. Por tanto, no me parecería extraño que la Católica esté aumentando su ranking en aquello, pero nos da pie para discutir sobre cómo son los egresados de la Universidad de Chile, de la Diego Portales, de la Central… a los que se les ha otorgado un rol mucho más público versus los de la Católica, donde tienen una enseñanza bien eclesiástica, conservadora, donde no tocan temas del derecho de familia como el divorcio ni el aborto —del cual estamos recuperando el debate—; efectivamente, pueden tener un buen ranking, pero lo más relevante es cuestionar cómo se está dando la enseñanza en estos planteles. Hay muy buenas universidades impartiendo Derecho, lo que permite ampliar el debate”.

— Como presidenta de la Fech representas a estudiantes de distintas carreras. ¿Cómo ves la interdisciplinariedad? ¿Están los abogados preparándose para trabajar a diario con otras profesiones?

“El Derecho tiene una gama laboral muy amplia, nos relacionamos con gente de distintas áreas; trabajamos con psicólogos, asistentes sociales, sociólogos, ingenieros, contadores, dependiendo de si el campo es privado o púbico; el punto es cómo nosotros nos alimentamos de esas disciplinas y cómo ponemos nuestro conocimiento al servicio de las necesidades del país; para ellos es importante determinar el perfil del egresado de las universidades, por lo menos en la Chile se está dando un debate del perfil que queremos buscar, muy relacionado con la contingencia feminista y se abre una cancha donde la interdisciplinariedad es muy necesaria; en Derecho estamos un poco más atrasado respecto al resto de la universidad, pues el debate se está dando en cambios de mallas curriculares al servicio del mercado en vez de al servicio de la sociedad misma”.

— ¿Cómo viviste las tomas feministas, para dónde va el movimiento y cómo crees que habría sido si hubieses sido la presidenta en el momento que se desarrollaron?

“Me gustaría retroceder un poco más el tiempo a cuando fuimos candidatos como Izquierda Autónoma a la presidencia de la federación en la lista del Frente Amplio, en la que también iban los compañeros del movimiento autonomista, con Alfonso (Mohor) a la cabeza. Nosotros fuimos con una campaña enfocada en la educación feminista, tratando de aglutinar los intereses de nuestras compañeras que estaban siendo violentadas en sus respectivos planteles educacionales y abordando la discusión de las relaciones de poder en las universidades: profesores-ayudantes-estudiantes.

Planteamos discutir la educación pública con un horizonte feminista; hablamos de que los trapos sucios se limpian en público cuando se trata de nosotras; el feminismo nos invita a replantearnos todo, a replantearnos las organizaciones sociales y las organizaciones políticas. Si hubiéramos estado a la cabeza de la Federación, habríamos mantenido el discurso de buscar una educación pública que fuese feminista y una preparación mucho más articulada con los otros sectores que se manifestaron en el movimiento estudiantil. Quienes se organizaron, movilizaron y negociaron cómo se establecían protocolos fueron mujeres; compañeras organizadas entre ellas mismas a través de vocerías de las distintas tomas, vía interfacultades, en donde nos dimos cuenta de que la Federación no dio abasto.

Hoy el feminismo impone replantearnos todo y a nosotros nos sobrepasó. La Federación no supo responder a la contingencia; yo no sé si yo hubiese estado a la cabeza las cosas serían distintas, pero sí habría estado nuestra disposición a trabajar por el movimiento feminista: que llegara a la política y se quedara; a ser un movimiento social que fuese político”.

— ¿Cómo ves la salida del ex decano Davor Harasic y la situación del profesor Carlos Carmona?

“Ambos fueron sumamente irresponsables en tanto eran académicos de una Facultad que se decía tener un rol público. El decano no sólo fue intransigente en la interna, sino que no dio posibilidades para que diéramos un debate de cómo hacer de Derecho una carrera al servicio del país; cómo la educación pública estaba teniendo casos de abuso y acoso. Hoy el decano dio un paso al costado cuando se tenía que hacer cargo de un problema que estaba presente en nuestra Facultad, que si bien estaba enmarcada en la figura del profesor Carmona, el problema era mayor, acerca de las relaciones de poder que existen aquí. Y él no quiso hacerse cargo; no fue capaz de pedirle la renuncia. En este ámbito la Facultad pierde la oportunidad de disputar la educación pública feminista.

César Contreras Manzor

Periodista EstadoDiario

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