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Reseña a “Hechos, pena y proceso”, de Jonatan Valenzuela

El penalista de la U. de Chile Jean Pierre Matus revisa el ensayo sobre racionalidad y prueba en el derecho procesal penal chileno.

Jean Pierre Matus

El profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile Jonatan Valenzuela reúne en el texto reseñado una colección de los trabajos derivados de su tesis y estadía doctoral en la Universidad de Girona.

Estos trabajos comprenden discusiones sobre el objeto del proceso penal, que identifica con la necesidad de “disolver la incertidumbre”; las relaciones entre la idea de la pena como merecimiento y el derecho procesal penal; los problemas de la prisión preventiva frente a la llamada presunción de inocencia y de probar las condiciones para decretarla; la vinculación entre el razonamiento probatorio y el principio de culpabilidad; el valor que ha de dársele a la prueba pericial; cómo enfrentar la necesidad de adoptar decisiones sobre medidas de seguridad; el problema de la exclusión de la prueba como “anomalía epistémica”; y las relaciones entre el derecho penal y el derecho administrativo sancionador desde el punto de vista epistemológico y político.

Sin embargo, parece que reacios a abandonar el mundo editorial, los duendes de la imprenta anidados ahora entre bytes y procesadores de textos se resisten a creer que se trata de varios trabajos y los unifican bajo la expresión “Ensayo”, a pesar que en la portada interior se designa el texto como “Ensayos”.

Si esta hipótesis es verdadera, no es cierto que, como quiere el autor, el libro sea “un disco y cada capítulo una canción que puede escucharse (o leerse) por separado”. Para los duendes y los lectores parecerá más bien una detallada construcción de variaciones sobre un mismo tema: las implicancias que tendría en la aproximación al derecho procesal de la adopción de la teoría racional de la prueba. En efecto, la llamada teoría racional de la prueba, desarrollada en Girona por Jordi Ferrer —director de la tesis doctoral de Valenzuela— es la melodía que escuchamos en cada capítulo, enfrentada a diferentes condiciones de interpretación.

Según esta teoría, el objeto del proceso no es otro que el de cualquier investigación sobre el pasado: la búsqueda de la verdad. De este modo, emparenta las instituciones procesales con la ciencia y la historia, y pretende juzgar las instituciones existentes con el baremo de su funcionalidad respecto a su objetivo.

Si de esto se tratan los procesos, entonces se puede decir que las reglas de exclusión de prueba son anomalías: cada prueba excluida supone agregar incertidumbre al proceso, cada prueba añadida, reducirla. También se puede considerar como un cuerpo extraño al proceso tomar decisiones sobre prisión preventiva y medidas de seguridad: se trata de decisiones acerca de probabilidades de hechos futuros (el peligro para el proceso o para terceros, básicamente) y no acerca de la existencia y circunstancias de un hecho del pasado. Dicha teoría también permitiría sostener que, respecto al derecho penal sustantivo, el objeto del proceso sería posibilitar la imposición de la pena merecida por un hecho del pasado que realmente ocurrió en la forma que la acusación describe, etc.

Ello llevaría también a considerar como incomparables los procedimientos administrativos con los jurisdiccionales y una necesidad lógica la existencia de procedimientos de revisión de sentencias ejecutoriadas. La presunción de inocencia aparecería como regla para limitar la incertidumbre, tomando partido “a favor de la absolución de culpables o contra la condena de inocentes”, y la prueba pericial como una más sujeta a control material respecto a su capacidad para conducir a inferencias probatorias, acerca de la verdad de los hechos a que se refiere.

La melodía resuena una y otra vez y el lector que tenga concepciones diferentes acerca del objeto del proceso y los fines de la pena tendrá que enfrentarse a poderosos acordes para lograr que su propia melodía se imponga, como hace el himno zarista frente a la Marsellesa en la Obertura 1812.

Por eso los duendes tienen razón: el libro es un ensayo, bien escrito y provocador, que enfrenta la idea de que el objeto del proceso no es la búsqueda de la verdad con argumentos que no son fáciles de contradecir y parten de una sola idea fuerza: ¿Cuál sería el sentido de un proceso que permitiese la condena de alguien por un hecho que no ha existido o del cual el condenado no es responsable?

Y aunque esta búsqueda de la verdad pueda limitarse por la naturaleza misma de las cosas (para empezar, la falta de tiempo y medios infinitos para llevarla a cabo) o por el reconocimiento de intereses superiores (el respeto a los derechos fundamentales para fundamental la exclusión de pruebas, por ejemplo), la pregunta subsiste: ¿realmente estamos dispuestos a condenar a un inocente por un hecho que no existió o en el cual no tuvo participación?

Si la respuesta es negativa, entonces, como intenta demostrar Valenzuela, sólo cabría abrazar la teoría racional de la prueba. Ese es el punto central de este ensayo y solo por eso vale la pena su lectura. Pero también es valioso en las aplicaciones que enfrenta y las soluciones concretas que propone.

Y para quienes no se convencen, su lectura les servirá para renovar sus argumentos y razonamientos contrarios. A ellos les recomiendo, en vez de intentar afirmar un imposible (que el proceso penal está destinado también a posibilitar el castigo de los inocentes por hechos inexistentes o en los cuales no tuvieron participación), recordar las palabras de Holmes: General propositions do not decide concrete cases. El resto, queda para la necesaria discusión científica de este invaluable aporte a nuestra doctrina procesal.

Cuadro Resumen

Título: Hechos, pena y proceso. Ensayo sobre racionalidad y prueba en el derecho procesal penal chileno.
Autor: Jonatan Valenzuela Saldías
Editorial: Rubicón Editores
Edición: 2017
ISBN: 9789569947032
Precio: $19.990
180 páginas

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