Columnas
Gestión del Tiempo para Abogados in House: ¿Corro o planifico?
Por Sebastián Rodríguez*.
Henry Mintzberg, reconocido profesor de la Cátedra Cleghorn de Estudios de Gestión en la Universidad McGill (Canadá) y Catedrático de la Escuela de Negocios INSEAD (Francia), publicó en 1975 Folclore y Realidad del Trabajo Directivo, artículo que la Harvard Business Review, de tanto en tanto, vuelve a compartir con sus lectores por considerarse un clásico.

Es que Mintzberg, ya en la década de los setenta, cuestionaba la clásica imagen donde los directivos que planifican, organizan, coordinan y controlan el trabajo, pues estas cuatro palabras -introducidas al vocabulario directivo por Henry Fayol en 1916- nos aclaran poco acerca del real trabajo de un directivo.
Para este autor hay cuatro mitos que dificultan conocer la verdadera naturaleza del trabajo directivo. Mito número uno: el directivo es un planificador reflexivo y sistemático. Mito número dos: el directivo no tiene tareas habituales. Mito número tres: el directivo necesita información global. Mito número cuatro: la Dirección institucional es una ciencia y una profesión.
Cincuenta años después -de publicado este artículo- cabe preguntarnos en qué está la realidad directiva del presente y si esta realidad es la misma -o no- que viven los abogados in house que ocupan cargos directivos. Por razones de tiempo y espacio en esta columna solo abordaremos el mito número uno (y dejaremos los otros mitos para futuras columnas) y nos preguntaremos si realmente un gerente legal es… puede o debe ser un panificador reflexivo y sistemático.
Para abordar la vigencia de este mito, damos un paso atrás, pues según las investigaciones de Mintzberg, la realidad de los directivos -de ése entonces- es que estos “trabajan a un ritmo agotador; que sus actividades se caracterizan por la brevedad, la diversidad y la discontinuidad; y que son mucho más aficionados a la acción que a la reflexión”.
Cierro mis apuntes y pienso en mis clientes. Abogados in house haciendo una apresurada transición desde un estudio, subgerentes curtidos en frenéticas acciones y revisiones de contratos contra el tiempo, gerentes exhaustos de tantas negociaciones e incendios y directores que, pese a la posición alcanzada, añoran tener tiempo para cultivar relaciones y revisar las materias en profundidad.
Sí, medio siglo después, la lucha contra el tiempo parece ser la misma, aunque la tecnología y las múltiples aplicaciones prometan lo contrario. Aparte del ritmo agotador, las nuevas tecnologías -si bien prometen ahorrarnos tiempo- han acelerado los procesos. La sensación de que todo es rápido y de que uno salta de un tema a otro no ha cambiado y son muchos los profesionales del derecho que disfrutan o padecen la discontinuidad del trabajo legal.
A algunos y algunas les gusta saltar de un tema a otro. Empezar una propuesta con chat GPT, pedirle a un colega un formato de contrato por WhatsApp o aprovechar alguna aplicación, grupo o plataforma que resuelva en dos segundos lo que antes tardaba dos horas. Sí, para los entusiastas de la velocidad y la diversidad es el paraíso, pero para aquellos y aquellas profesionales que les gusta profundizar en las materias, es una tragedia y, muchas veces, la única salida -aparente- es volver a estudiar.
Volviendo a las investigaciones realizadas por Mintzberg y otros autores, los directivos no programan de una forma visible su tiempo, sino que saltan de una cuestión a otra, respondiendo -más que a la agenda- a las presiones de su trabajo y a las necesidades del momento. Medio siglo después, con los calendars en la computadora, teléfonos y relojes inteligentes, las cosas debieran ser distintas, pero en mi experiencia como coach, la mayoría, sino la totalidad de mis clientes, necesitan trabajar con una agenda flexible.
Sí, los abogados del presente necesitan que su coach -y otras contrapartes- puedan cambiar las sesiones o reuniones casi hasta último minuto, pues pese a lo planificado que puedan o quieran ser, siempre hay imponderables que obligan a sacar el casco de bombero que llevan debajo del abrigo.
¿Reuniones irrenunciables de último minuto? ¿Clientes indignados que esperan ser atendidos ahora? ¿Directorio que se alarga y alarga? ¿Almuerzos infinitos? ¿Reemplazo que no llega? ¿Un asunto familiar?
Que agote, dirán algunos, que entretenido, dirán otros, pero para Henry Mintzberg la realidad es que “el director es una persona que reacciona a los estímulos, una persona a quien su trabajo condiciona para que prefiera la actuación inmediata a la diferida”, de lo que se desprende que, si esta forma de trabajar no te agrada, estás en el lugar equivocado.
¿Quieres hacer una pausa? Anda al gimnasio a la hora de almuerzo. ¿Quieres reflexionar? Inscríbete en un diplomado o toma sesiones de coaching. ¿Quieres un trabajo planificado y sistemático? No sé de que hablas.
Ya sea en 1975 o en el 2025, lo concreto es que las cuatro palabras que definían el quehacer de un directivo de principios del siglo pasado ya no aplican. Sí, puedes planificar tu día, pero te recomendaría dejarte unas horas libres para tener algún margen de acción, pues las emergencias muchas veces son la única constante.
¿Quieres organizar bien tu día para terminar esa propuesta que tu jefe demanda? Perfecto, bloquea ventanas de trabajo personal en tu agenda, pero no te extrañes -ni te enojes- si es precisamente tu jefe quien te pide saltar a un nuevo contrato. Ahora. ¡Ya!
¿Quieres coordinar acciones con tu equipo para llegar bien preparado donde un cliente? Fantástico, pero más que cálculos optimistas, te recomiendo un plan B por si alguien no se conecta a la reunión o por si algún o alguna despistada se equivoca de día, plataforma o lugar. ¿Era hoy?
Y si quieres controlar todas las variables para que todo salga bien, espero que al hacerlo no tensiones a tal punto las relaciones, que nunca más los miembros de tu equipo se alineen a una misión liderada por ti.
En definitiva, ni ayer ni hoy basta con planificar, organizar, coordinar y controlar. Abogados y abogadas de hoy y del mañana requieren habilidades para gestionar cambios, clientes y conflictos asociados.
Además, seas jefe, subgerente o gerente, tendrás que automotivarte (autonomía) y autocontenerte, y a la vez, motivar y contener el trabajo individual y en equipo. ¿Demasiado? Sí, son muchas cosas y es por ello que los abogados en cargos directivos requieren tener una fuerte orientación a objetivos y, al mismo tiempo, una gran flexibilidad, pues de un día para otro te pueden cambiar los objetivos, las metas, las prioridades y la agenda.
¿Entretenido? ¿Asustada? ¿Motivada? ¿Agobiado?
Bueno, de eso se trata la gestión del tiempo y es por ello que la próxima semana continuamos con el segundo mito de esta disciplina que, al parecer, tiene más de arte que de ciencia.
Continuará…
*Sebastián Rodríguez Gómez de la Torre es Psicólogo, Coach Ejecutivo y de Equipos.