Columnas

¿Resistencia o Transformación? La Inteligencia Artificial llama a la puerta del Poder Judicial.

Por Antonieta van der Meer, abogada*

Lejos de ser una amenaza, la IA ofrece a jueces y abogados una oportunidad histórica para renovar la justicia y acercarla a la ciudadanía. Pero para aprovecharla en todo su potencial, debemos entenderla y regularla.

Antonieta van der Meer, abogada

¿Puede una máquina ayudar a impartir justicia? Esta pregunta, que hace solo unos años habría parecido ciencia ficción, hoy es una urgencia que interpela al mundo jurídico. Así quedó demostrado en el reciente conversatorio organizado por la Asociación Nacional de Magistradas y Magistrados de Chile, Estado Diario, Instituto de Estudio Judiciales y Altech- Asociación de Legaltech de Chile, donde jueces, abogadas y expertos en tecnología debatieron sobre los usos, límites y desafíos de la inteligencia artificial (IA) en el Poder Judicial.

La irrupción de los grandes modelos de lenguaje (LLM), como Chat GPT, Gemini, Grok o Claude, entre otros; no solo ha modificado la forma en que interactuamos con la tecnología: ha abierto una puerta inédita para transformar la justicia desde adentro. Automatización de procesos, predicción de sentencias, investigación en minutos de grandes volúmenes de información, transcripción de audiencias, análisis de evidencia y asistencia legal masiva ya no son hipótesis: son aplicaciones concretas que están ocurriendo en otros países y que Chile no puede ignorar.

Pero el entusiasmo no debe ser ciego. La IA plantea riesgos evidentes: desde la creación de pruebas falsas hasta el uso éticamente cuestionable de análisis predictivo de jueces. ¿Qué sucede si un modelo reproduce sesgos? ¿Quién es responsable si una IA comete un error judicial? ¿Estamos preparados para manejar la confianza ciudadana ante estos cambios?

La respuesta no está en prohibir, ni en rendirse ante la tecnología, sino en entenderla y regularla no solo a nivel de legislación, si no también dentro de las organizaciones, definiendo políticas y estándares. Como señalaron los panelistas, el uso correcto de la IA depende en gran parte de la calidad de las instrucciones que reciba. No es magia: requiere formación, criterio jurídico y sobre todo, propósito.

No se trata de automatizar todo o reemplazar jueces con robots, sino de liberar a los operadores del sistema de tareas repetitivas para que se concentren en lo esencial: impartir justicia al servicio de lo humano y dar mayor eficiencia al sistema judicial con procesos más rápidos y accesibles.

Hoy, el mayor riesgo no es usar la IA: es no hacerlo con responsabilidad. La transformación ya comenzó y el Poder Judicial no puede quedar rezagado.

Porque el futuro de la justicia no es solo digital: es ético, humano y urgente.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Close