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¿Nuevos aires para un nuevo Chile?

Diversos medios de comunicación anunciaron hace unos días un acuerdo alcanzado por la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), la Central de trabajadores de Chile (CTCH) y la Central autónoma de Trabajadores (CAT), todas relevantes centrales sindicales. El acuerdo fue entregado a la ministra del Trabajo y se refiere a la gradualidad y flexibilidad en la reducción de la jornada de 45 a 40 horas semanales. Lo más notable es que se refiere a un proyecto legislativo que lleva entrampado mucho tiempo —años— en el Senado.

Por: Sebastián Parga*

Diversos medios de comunicación anunciaron hace unos días un acuerdo alcanzado por la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), la Central de trabajadores de Chile (CTCH) y la Central autónoma de Trabajadores (CAT), todas relevantes centrales sindicales. El acuerdo fue entregado a la ministra del Trabajo y se refiere a la gradualidad y flexibilidad en la reducción de la jornada de 45 a 40 horas semanales. Lo más notable es que se refiere a un proyecto legislativo que lleva entrampado mucho tiempo —años— en el Senado.

Sebastián Parga

Pero más allá del contenido, debe celebrarse que los actores hayan llegado a un consenso, dando un valioso ejemplo de lo que tanta falta hace en la actualidad: sentarse a conversar, estar dispuesto a ceder y tener apertura para entender la posición y las preocupaciones del otro. Acuerdos como este ayudan a poder progresar, a avanzar de mejor manera y hacen al país más sólido. Especialmente si este nuevo Chile busca ser un país más igualitario, justo y sin abusos. El ejemplo dado por los sindicatos de trabajadores y la confederación de empresarios fue más allá de una mera declaración de buenas intenciones, de buena crianza. Está a una larga distancia de ese diálogo acerca del cual muchos hablan, aunque desde una trinchera en particular, lo que provoca  la muy malsana polarización de la vida pública.

Este acuerdo logrado entre posiciones históricamente antagónicas, propone la pauta a seguir. Y es muy loable que lo sea desde el área de relaciones laborales, en la cual suelen batirse a duelo las ideologías.  Esta vez, se  conversó, empatizó, discutió, cedió y se llegó a un acuerdo. Nada más alejado que cuando se lleva la pelota para la casa y no se deja a nadie jugando, situación que en el último tiempo pareciera haber sucedido. Por lo demás, es una pena que la  Central Unitaria de Trabajadores (CUT)  —teniendo menor representatividad que estas otras organizaciones sindicales— se haya restado de este acuerdo. Porque sin consensos, Chile no es el país buscado por tantos, uno en el que queden de lado las demostraciones de egoísmo, individualismo, rabia, cólera, furia o destrucción.

El acuerdo entre la CPC y las organizaciones sindicales debe ser visto como un hecho con una lectura muy positiva para el Chile que tantos queremos: para este nuevo Chile en el que el dialogo social debe ser la herramienta para desarrollarnos como sociedad, para lograr un trabajo verdaderamente decente, para lograr la anhelada igualdad de género en el mundo del trabajo, para buscar más productividad y al mismo tiempo mejores y más trabajos, para que los trabajadores tengan herramientas equilibradas y justas de representatividad.

Es de esperar que a futuro sean numerosos los acuerdos que se logren en el ámbito de las relaciones laborales, por el bien de Chile y de sus trabajadores. Y en otros que nos incumben como sociedad en desarrollo, igualmente.

Sebastián Parga* Abogado. Parga, Montes, Vasseur, Laborales

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