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Defensoría Popular: protección jurídica comprometida contra la “persecusión estatal”

Los abogados María Magdalena Rivera y Washington Lizana describen las causas que han asumido desde 2006. Entre casos como "Bombas 1", "Bombas 2", la "Rubia Encapuchada", "Ángelo Estrada" y "César Reyes" van explicando sus principios y filosofía; la de defender al mundo sindical, estudiantil y poblacional, que protesta y resiste.

El viernes 22 de junio Washington Lizana, abogado de la Defensoría Popular, daba la charla “consideraciones legales para movilizaciones y protestas” a un grupo de padres, apoderados y alumnos de distintos liceos de Santiago que se encontraban movilizados en ese momento.

Niños desde 7º básico consultaban qué se podía hacer y qué no en movilizaciones o ante detenciones de Carabineros. El recuerdo del 24 de mayo —cuando la policía ingresó al Instituto Nacional y se produjo un enfrentamiento en los patios del colegio— estaba fresco: alumnos detenidos, con eventuales sumarios y juicios.

Tras la charla, el abogado contestó las preguntas de los alumnos y del grupo Apoderados Organizados, quienes convocaron el evento.

Tres semanas después, María Magdalena Rivera —abogada y coordinadora de la agrupación— y Washington Lizana accedieron a esta entrevista para conversar sobre la Defensoría, su historia y casos más relevantes. “En el área metropolitana al menos, hemos estado en causas de una complejidad tal que un sector inmenso de la población cree que sólo ocurrían en la época de la dictadura”, dice Lizana, quien, al preguntársele por la relación que tienen con las policías y uniformados, no duda en responder “Ellos cumplen una función, nosotros otra”.

Rivera y Lizana dicen que mientras existan luchas sociales y ellas “desencadenen persecución estatal, criminalización e intentos de persecución”, ellos van a tener una razón de ser, porque “hay descontento, miseria, pobreza e injusticia”. Porque “hay sectores sociales que tienen la necesidad de una defensa jurídica potente técnicamente, pero también comprometida”. Porque “hay principios y garantías para todos, basados en la igualdad ante la ley”. Porque existe “el derecho a la salud, a la educación, al debido proceso, a manifestarse y expresarse”. Se trata de derechos —enfatizan— que “son negados día a día”.

María Magdalena Rivera y Washington Lizana

— Cómo nace la Defensoría Popular

M.R.: Es una agrupación informal de abogados y estudiantes de Derecho, además de especialistas en otras áreas —trabajadores sociales, médicos, peritos de distinta índole— que desde 2005 nos organizamos como un colectivo con el objeto de prestar asistencia jurídica para hacer efectivo el derecho de defensa de personas, principalmente jóvenes y trabajadores, que eran perseguidos judicialmente por participar en actos de protesta social.

W.L.: Ese el ámbito en el que surgimos. Nuestro primer gran trabajo fue asumir las defensas en procesos penales de estudiantes en el marco de las movilizaciones de secundarios en 2006, que eran perseguidos o se les criminalizaba por tomas de colegios o por participar en manifestaciones. Nuestro punto de vista siempre fue que se pueda hacer efectivo el derecho de expresarse, organizarse, manifestarse, con solidaridad y simpatía hacia los movimientos sociales; esa es nuestra característica principal. Hacemos un trabajo jurídico especializado dentro del derecho penal, en un ámbito muy especifico de leyes penales atingentes a la persecución de luchadores sociales, como el sindical, estudiantil y poblacional.

— ¿Cómo se mantiene un proyecto así en el tiempo? ¿Es gratuito?

M.R.: No lo es. Podríamos decir que se mantiene en dos ámbitos: primero, desarrollando defensas laborales, pero también nos pasó que en el primer Gobierno de Sebastián Piñera se intentó, a través de los tribunales de justicia, la criminalización de la protesta social o de los reclamos sociales de diversos sectores. Recorrimos varias regiones encabezando una campaña contra la denominada Ley Hinzpeter.

No entregamos solamente una defensa técnica, sino que además tenemos opinión y la planteamos a los diversos sectores. Eso no significa que ellos la acepten ni que nosotros estemos de acuerdo con tal o cual movilización: somos simpatizantes de la reivindicación del derecho a reclamar, a luchar, organizarse.

Segundo, en relación con cómo nos mantenemos financieramente, es bien difícil. Si bien formalmente no cobramos honorarios por las causas, hacemos un compromiso por escrito con el representado, en el cual el defendido tiene ciertas obligaciones; en ese trato se compromete a entregar una colaboración dependiendo de sus posibilidades económicas, lo que en la práctica significa que si vemos que alguien necesita de nuestra defensa porque como consecuencia de su lucha está siendo perseguido, nosotros aceptamos, no cobramos honorarios, pero sí recibimos colaboraciones. Y así hemos logrado mantenernos; además, cada uno de nosotros lleva sus causas particulares.

— ¿Cómo creen ustedes que es percibida esta mirada social por otros abogados y por el Ministerio Público?

W.L.: Ha sido un proceso. Cuando nosotros irrumpimos en el mundo jurídico, al principio había mucha suspicacia, porque éramos un actor que con planteamientos jurídicos desde un ámbito crítico y desde una posición que ponía en cuestionamiento el papel del Ministerio Público; el de la Defensoría Penal Pública, en asumir efectivamente la defensa de los derechos de aquellos que protestaban; y en el papel que cumplía el Gobierno como querellante en causas.

Por ejemplo, durante 2006 se detenía a centenares de jóvenes en el marco de las movilizaciones, los adolescentes pasaban privados de libertad una noche y al día siguiente la fiscalía proponía suspensión condicional, que consistía en acreditar la calidad de estudiantes. Nosotros nos negábamos por dos razones: primero, porque si el fiscal que estaba de turno tenía conocimiento de que había personas detenidas y que se les atribuían ciertos hechos, y si ya había asumido que esos hechos habían ocurrido de una manera determinada y estaba dispuesto a dar una salida alternativa… entonces ¿cuál era el sentido de tener a un joven toda la noche privado de libertad en una comisaría? En segundo lugar, nos parecía desproporcionado, pero también nos parecía que el hecho mismo de la detención era indebido. Preferíamos ir a juicio para acreditar que efectivamente no se habían cometido delitos y eso marcó un sello.

M.R.: Al comienzo había suspicacia, incredulidad y duda, pero creo que con el correr de los años se dieron cuenta de que esto no era una consigna, no éramos un grupo de personas que íbamos a hacer activismo, sino que teníamos una posición jurídica crítica del sistema judicial, del papel de las instituciones parte del sistema de persecución penal.

W.L.: El nivel técnico con que trabajábamos permitió que nuestros puntos de vista comenzaran a ser acogidos por los tribunales. Como asumíamos la defensa desde la comisaría, velábamos por que no hubiera excesos policiales y se controlara su actuación policial hasta las audiencias mismas en tribunales. Aunque se tratara de adolescentes, la Defensoría Penal Pública no lo hacía y nuestra actuación obligó a que los defensores penales públicos adolescentes fueran a las comisarías a constatar la situación. En aquellos años presentamos varios amparos.

M.R.: En el último tiempo hemos trabajado en causas bastante complejas, como imputaciones de leyes terroristas, infracciones a leyes de seguridad del Estado, y estamos satisfechos porque la mayoría ha recibido sentencias absolutorias o decisiones de no perseverar.

De los casos que les ha tocado llevar, ¿cuál ha sido el más importante o el que más satisfacción les ha dado?

W.L.: Para nosotros todas las causas son importantes; no hacemos una prelación. Desde el muchacho adolescente imputado de desorden público por participar en una manifestación, que quizás era la primera vez en su vida que lo hacía, hasta las más emblemática que aparezca en televisión.

M.R.: La diferencia tiene que ver con la complejidad de la materia; mientras más compleja, mayor es la solicitud de pena de la fiscalía. En ese sentido requiere una mayor atención de nosotros, pero no hay una diferencia de compromiso en el tipo de defensa.

W.L.: Sí ha habido causas muy conocidas, que han aparecido en la prensa y que han ayudado a que nuestra organización se haga un nombre dentro del mundo jurídico. Estoy pensando en la causa “Bombas 1”, donde defendimos a la mayoría de los imputados, tanto a los que fueron sobreseídos antes de llegar a juicio como aquellos que sí fueron y terminaron absueltos. En la causa “Bombas 2” también asumimos alguna defensa que terminó en absolución; llevamos la causa de la famosa rubia encapuchada; y la causa de los 12 trabajadores que se tomaron el metro y les aplicaron ley de seguridad interior del Estado, que fueron absueltos en juicio oral.

M.R.: También nos ha tocado asumir defensas en casos de desórdenes públicos en general, usurpaciones por ocupaciones de vivienda, muchas causas que aparecen en televisión. Y claro, hemos tenido causas que lamentablemente hemos perdido con la reforma de la ley de control de armas de febrero del 2015, pues evidentemente hay muchas más posibilidades de que los chiquillos terminen con condenas de cumplimiento efectivo, como es el porte, tenencia o lanzamiento de bombas molotov. La causa de Manuel Gutiérrez también fue emblemática; se obtuvo una condena de un funcionario policial por la muerte de un joven en el paro nacional de la Educación convocado por la CUT en agosto de 2011.

W.L.: Inicialmente se dijo que lo habían matado unas barras bravas del fútbol y Carabineros negó su intervención en ese hecho. Nosotros nos constituimos en la madrugada en el lugar y empezamos a recoger testimonios de la gente, que entendió quiénes éramos y lo que hacíamos. Y comenzaron a aparecer los testimonios de gente que había sido testigo de los hechos, de modo que cuando llegó el fiscal que tomó las primeras diligencias, tuvo un cúmulo de antecedentes de los vecinos. Y ellos se acercaron por la confianza que tenían en nosotros, porque creyeron que no se iba a ocultar ni tergiversar pruebas ni iba a haber impunidad.

M.R.: También tuvimos la causa de Angelo Estrada, un estudiante de educación física que estaba dentro de su departamento cuando un funcionario de Gendarmería, durante una manifestación, disparó al aire una bala que lo dejó dos años en estado vegetal hasta que falleció. Ahora estamos demandando al Estado por su responsabilidad.

Otro caso importante fue César Reyes, alumno del Liceo Barros Borgoño, quien fue literalmente secuestrado y víctima de tortura. Presentamos el amparo de garantía apenas la gente denunció que personal de civil que nadie sabia quiénes eran, se lo habían llevado en un auto. Fuimos avisados por el juez de garantía y llegamos al lugar donde lo tenían los funcionarios de la policía, que resultaron ser de la ANI (Asociación Nacional de Inteligencia).

— ¿Cómo es la relación que tienen con Carabineros?

M.R.: Nosotros tenemos una relación con Carabineros, Gendarmería, PDI y con todas las instituciones del Estado como la debe tener un profesional de las leyes; no somos ni amigos ni opositores; es una relación de respeto, institucional; nada especial, de ningún tipo y si debemos denunciar delitos que hayan cometido Carabineros lo hacemos sin ningún temor. Hemos presentados reclamos administrativos y querellas contra ellos por diversas conductas que son tipificadas desde los hechos mismos como delito.

— ¿De dónde nace la idea de defender ocupas y encapuchados?

Washington Lizana exponiendo

W.L.: No defendemos ocupas ni encapuchados así a secas; defendemos a jóvenes que en su ámbito específico de desenvolvimiento sufren injustamente persecución penal o mediática; a estudiantes, trabajadores o jóvenes populares que en el marco de sus propias reivindicaciones sufren persecución penal, estigmatización, la fuerza indebida del Estado.

M.R.: Nosotros no cuestionamos los métodos que utilicen nuestros defendidos; no somos jueces, somos defensores y no nos corresponde decidir si es correcto o incorrecto el método con que cada cual enfrenta las políticas estatales que considera que debe resistir o denunciar.

César Contreras Manzor

Periodista EstadoDiario

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