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‘Vibe coding’: cuando el abogado crea su propio software
Por: Daniel S. Acevedo Sánchez | Linkedin | Email*
Consultor en transformación digital y estrategia – Legal, Tax & Finance
Hasta hace poco, la relación de los abogados con la tecnología era binaria: o comprabas un software costoso que hacía casi todo lo que necesitabas (pero no exactamente lo que querías), o te resignabas a seguir usando Word como si fuera 1999. Sin embargo, una nueva tendencia, bautizada en Silicon Valley como vibe coding y adoptada ya por abogados innovadores en firmas globales, está rompiendo esa dicotomía. La premisa es seductora: ¿y si el abogado, usando lenguaje natural y herramientas de IA, pudiera construir sus propias micro-aplicaciones sin necesidad de ser un ingeniero de desarrollo web?

El concepto de vibe coding suena a jerga de moda, pero su aplicación es pragmática. Se trata de utilizar modelos de IA (como GPT-4 o Claude) para que escriban el código o configuren los flujos de automatización que uno necesita, basándose simplemente en las instrucciones descritas por el usuario. No es aprender a programar en Python desde cero; es saber pedirle a la máquina que programe por ti. Es pasar de ser un usuario pasivo de legaltech a un arquitecto de soluciones propias.
El caso emblemático que ha sacudido los foros especializados esta semana es el de Jamie Tso, un asociado senior de Clifford Chance en Hong Kong. Tso no es un desarrollador de software; es un abogado transaccional que, frustrado por las ineficiencias cotidianas, empezó a usar IA para crear herramientas internas. Lo que comenzó como pequeños scripts para automatizar tareas aburridas en fondos de inversión, escaló hasta convertirse en aplicaciones robustas que hoy compiten en funcionalidad con proveedores comerciales.
La lección de Tso para el mercado chileno es reveladora. Él no esperó a que el departamento de TI aprobara un presupuesto millonario. Usó las herramientas a su alcance, muchas veces plataformas low-code como las que ya vienen en Microsoft 365, para crear software «just-in-time»: soluciones rápidas, baratas y desechables diseñadas para resolver un dolor específico de un equipo en un momento concreto.
¿Cómo se traduce esto en un estudio de abogados en Las Condes o en una fiscalía en el centro de Santiago? La realidad es que la mayoría de los abogados chilenos ya tienen las herramientas, pero las subutilizan. El vibe coding criollo no requiere servidores complejos. Puede empezar simplemente conectando los correos de notificación del Poder Judicial con una planilla de seguimiento automático usando Power Automate, o creando un pequeño asistente en Copilot Studio que responda preguntas frecuentes sobre el reglamento interno de la empresa, cargándole solo los PDFs relevantes.
Aquí surge el dilema que hoy por hoy está más vivo que nuncua: ¿construir o comprar? La experiencia de Tso sugiere un equilibrio. Para la infraestructura pesada (gestión documental, facturación, ciberseguridad), siempre será mejor comprar plataformas probadas. Pero para los flujos de trabajo muy específicos, esa cláusula arbitral que siempre hay que revisar bajo ciertos parámetros, o ese reporte mensual que un cliente pide con un formato único, la construcción interna mediante IA es imbatible. Ningún proveedor global va a priorizar esos nichos, pero un abogado curioso con una tarde libre y acceso a una IA de calidad puede resolverlo.
Para 2026, la invitación es a perder el miedo. La próxima ola de innovación legal en Chile no vendrá solo de startups que levantan capital, sino de abogados que se atrevan a «vibear» con la tecnología: a traducir su experiencia jurídica en herramientas funcionales. No se trata de reemplazar a los ingenieros, sino de entender que, gracias a la IA, la barrera para convertir una idea en una herramienta nunca ha sido tan baja. El mejor software legal del futuro podría ser el que usted mismo diseñe mañana por la mañana.
*Daniel S. Acevedo Sánchez es consultor en transformación digital y estrategia – Legal, Tax & Finance




