Columnas
No es magia, es gobierno: ¿Por qué la Inteligencia Artificial no lee la mente del abogado?
Reflexión en torno al uso de Inteligencia Artificial en el ejercicio del Derecho.
Por Francisca Ruete*
Mis primeros acercamientos con la Inteligencia Artificial ocurrieron mientras preparaba mi examen de grado. Agobiada por la presión, bombardeaba a ChatGPT con mis casos, esperando, casi por milagro, una respuesta magistral tal como la tenía en mis pautas de estudio. El resultado era un desastre, normas mal aplicadas, jurisprudencia inexistente, conclusiones incongruentes. Mi respuesta lógica y rápida fue: la IA no sirve en el Derecho.
No podemos esperar resultados certeros con instrucciones a medias. Hoy en día ya es popular el término prompt, pero en nuestras palabras, esto no es más que un mandato, una instrucción procesal específica y suficiente. El rigor que aplicamos al redactar un petitorio es el mismo que debemos aplicar con la tecnología, una orden vaga, es una ejecución mediocre.

El punto de inflexión para mí llegó cuando dejé de pedir una respuesta final, y empecé a utilizarla para algo mucho más valioso: limpiar el exceso de estímulo. La profesión del abogado es, per se, ruidosa. Montañas de documentos, mucha información, y la parálisis por analizar muchas veces nos bloquea.
La IA no vino a pensar por nosotros, vino a destrabar el freno y a permitir que nuestras propias ideas fluyan con claridad, despejando el camino para dejar a la vista nuestro criterio.
Es un error común tratar a la IA como “todo o nada”. El éxito jurídico en estos sistemas está muy lejos del primer intento, está en el diálogo iterativo. La chispa se enciende en el ir y venir, donde uno ajusta, corrige, dirige y vuelve a pulir. Es un proceso de depuración constante en donde el abogado rescata lo que hace sentido, y descarta el ruido algorítmico. Si el resultado es pobre, probablemente es porque no hemos sabido mantener el mando de la conversación.
Sin humanidad no hay sentido. Seamos realistas, el valor profesional de copiar y pegar textos rimbombantes carece de rigor profesional. Somos plenamente capaces de identificar cuando un escrito no ha pasado por el filtro de una conciencia jurídica. La Inteligencia Artificial Generativa viene a facilitarnos la vida y a optimizar las Legal Operations, pero bajo una premisa innegociable: no nos gobierna, la gobernamos nosotros. En ese dominio radica nuestro valor real.
La metodología debe ser clara, operar sobre la forma para que el fondo jurídico destaque. Un ejemplo muy simple, en lugar de pasar horas redactando documentos desde cero, la Inteligencia Artificial es capaz de estructurar borradores desde criterios previamente validados por el equipo, permitiendo que el conocimiento legal se despliegue de manera mucho más rápida y visible. El reemplazo de las tareas mecánicas es inminente, y por eso cobra sentido el adoptar un enfoque de Legal Ops para eliminar cuellos de botella administrativos y convertirnos, definitivamente, en diseñadores de estrategia.
El oficio del diseño y estrategia toma cada vez más terreno en el mundo de los abogados. Si bien la tecnología es la que se hace cargo de la ejecución mecánica, es nuestro rol mantener el gobierno de la metodología. Nuestro valor avanza no hacia intentar ser más rápidos que la máquina, sino en convertirnos en verdaderos arquitectos legales.
*Francisca Ruete
Abogada UAI – pumarino.cl
Especializada en Protección de Datos y Ciberseguridad




