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¿Qué Colegio de Abogados queremos?

En la actualidad, el Colegio de Abogados de Chile se enfrenta a importantes desafíos para adaptarse a los cambios sociales y jurídicos que demanda el país. Aunque fue creado con el propósito de representar y velar por los intereses de los abogados, así como promover la excelencia y el desarrollo del sistema jurídico, se ha convertido en una institución cuestionada y distanciada de las necesidades de la profesión y la sociedad.

Por Ana Luz del Río*

El Colegio de Abogados de Chile, fue creado hace casi cien años con el objetivo de agrupar y representar a los abogados del país y promover el desarrollo y la excelencia en el ejercicio de la profesión legal en Chile. El propósito que convocó a los colegas fue unir a los abogados en una institución que pudiera velar por sus intereses profesionales, promover el estudio y perfeccionamiento del Derecho, colaborar en la mejora y el fortalecimiento del sistema judicial y la administración de justicia en Chile. Entre sus principales funciones, el Colegio de Abogados de Chile buscaría fomentar la ética y la responsabilidad profesional, promover la capacitación y actualización constante de los abogados, y defender el Estado de Derecho y los derechos fundamentales de las personas. Además, desempeñaría un rol importante en la defensa de los derechos humanos, la participación en reformas legales, la colaboración con el Poder Judicial y otros organismos relacionados con la administración de justicia, y la contribución al desarrollo de la jurisprudencia y la doctrina jurídica en el país.

Ana Luz del Río

Pese a estas nobles palabras que describen el propósito de esta organización, nos encontramos hoy con una institución anacrónica, clasista, machista, centralista y que pareciera seguir albergando en sus espacios físicos de caoba y cortinajes de telas pesadas, sólo a señores del siglo pasado, alejados del quehacer nacional. El colegio, no manifiesta opinión en temas técnicos y jurídicos que pudieran interpretarse como opiniones políticas y es reacio a involucrarse en discusiones legislativas cuando las materias reguladas no son de su interés, esgrimiendo que se trata de temas valóricos, como ocurrió al marginarse de la discusión del matrimonio de personas del mismo sexo.

Ante este escenario ¿Qué hacemos? Dejamos que este espacio se muera por irrelevancia y quede abandonado a su suerte y a la inercia de hacer las cosas como se han venido haciendo siempre, con los resultados que ya todos conocemos: un consejo central radicado en Santiago y dirigido desde hace más de 20 años por el gremialismo, que se resiste a los cambios urgentes y necesarios que el Chile de hoy exige o derechamente nos hacemos cargo y participamos, desde el interior de la asociación para recuperar la función social del colegio y de los abogados y abogadas del país, modernizándolo,  democratizándolo, convirtiéndolo en un espacio seguro, transversal, paritario, diverso y con integración de los territorios. Ante este escenario, decido involucrarme.

Creo que la pertenencia al Colegio de Abogados contribuye a dignificar la profesión: los asociados aceptan sujetarse voluntariamente a la supervisión ética de sus pares, lo que constituye una garantía de recto ejercicio de la abogacía y de altos estándares profesionales para los clientes. Sin embargo, los abogados hoy no se sienten convocados a este espacio, dan cuenta de que el colegio ofrece solo cargas: pago de cuotas y control ético, sin beneficios que los seduzcan. No consideran un plus colegiarse, hoy los beneficios que reciben los que se colegian no son atractivos ni suficientes para los nuevos abogados y abogadas que se titulan: cerca de 4000 al año, de más 45 Universidades del país.

El año 1920, se titularon 95 abogados en todo Chile, el colegio se pensó para esa época. Ya el 2012 fueron 2.731. Pasamos de 1 abogado por cada mil habitantes (en la década de los ‘80) a 2.58 por cada mil. En Chile hoy existen casi 50 mil abogados activos. De estos, hay 3.000 colegiados y sólo cerca de 1.300 votan en las elecciones. En un mundo globalizado post pandemia, donde vivimos tiempos volátiles, inciertos, cambiantes y líquidos, necesitamos hacernos cargo de lo que nos importa cuidar: que el colegio se modernice y agregue valor a sus asociados, un lugar donde instalar el diálogo y la colaboración. Queremos sentirnos parte de algo más grande que cuide más que el sólo ejercicio liberal de la profesión. Hoy los abogados enfrentamos nuevos desafíos y debemos desarrollar competencias adicionales para adaptarnos a un entorno legal en constante evolución, ya no bastan las competencias legales. Ante la abrumadora cantidad de información disponible, requerimos desarrollar competencias relacionales y pensamiento estratégico e innovador, capacidad de trabajar y gestionar equipos de trabajo, liderazgo con criterios de inclusión y diversidad, relacionamiento con la comunidad, entre otros.

Queremos un Colegio de Abogados de Chile que cumpla la función para la cual fue creado: velar por la ética y el ejercicio profesional, promover el desarrollo y la mejora del sistema jurídico del país, que represente y defienda los intereses de los abogados ante el gobierno, los tribunales y otras instituciones. Que defienda los intereses de la profesión y de sus miembros en temas relevantes para el ejercicio del Derecho. Que promueva la formación y capacitación continua de los abogados organizando y promoviendo actividades académicas, seminarios, cursos y conferencias destinados a la formación y actualización de los abogados en diversas áreas del Derecho. Que contribuya al desarrollo del sistema jurídico nacional participando activamente en la discusión y elaboración de propuestas de leyes y reformas legales, emitiendo informes y pronunciamientos en temas de interés jurídico y social. Que sea un agente articulador entre los distintos actores del quehacer jurídico: universidades, poder judicial, agrupaciones de profesionales de áreas de desempeño o territorios diversos del país y demás organizaciones de la sociedad civil. Un colegio moderno y tecnológico, que implemente soluciones tecnológicas avanzadas para mejorar la comunicación con sus miembros, agilizar trámites y facilitar el acceso a información relevante que desarrolle plataformas en línea para la presentación de trámites, el uso de herramientas de comunicación digital y la creación de una base de datos actualizada y accesible. Que promueva activamente la diversidad e inclusión, esto implica garantizar la igualdad de oportunidades para abogados de diferentes géneros, etnias, orientaciones sexuales y capacidades, así como promover la participación activa de grupos subrepresentados en la toma de decisiones y en las actividades del Colegio.

Además, trabajamos activamente desde esta comisión desde donde hemos creado, promovido y desarrollado Programas de Mentorías LGBTIQ+ y abundante material de estudio en diversas materias. Que fortalezca la formación continua sobre temas relevantes, así como la promoción de cursos en línea y recursos educativos actualizados. Un colegio cercano a la ciudadanía, que promueva una mayor participación de los abogados en la resolución de problemas sociales y jurídicos. Que articule o desarrolle en conjunto con otros actores relevantes del ámbito legal programas de asesoramiento legal gratuito a comunidades vulnerables, la promoción de la educación legal en escuelas y la colaboración con organizaciones de la sociedad civil en la defensa de los derechos humanos y la justicia social. Que sea transparente en sus acciones y decisiones y rinda cuentas de su gestión, publique informes periódicos sobre sus actividades y presupuesto, y facilite el acceso a información relevante para sus miembros y la comunidad en general. Por ello seguiremos trabajando.

*Ana Luz del Río, Abogada

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