Columnas

Stablecoins, infraestructura y confianza

La discusión sobre stablecoins parece estar evolucionando desde el análisis de un instrumento financiero hacia una conversación más amplia sobre infraestructura, gestión de riesgos y confianza institucional.

Por Valentina Novoa Hales*

La reciente columna de Alberto Naudon, consejero del Banco Central de Chile, titulada “Stablecoins: nuevo envoltorio, viejos problemas”, ofrece un punto de partida oportuno para una discusión que probablemente marcará buena parte de los debates regulatorios y financieros de los próximos años. Su principal mérito radica en recordarnos algo que con frecuencia se pierde entre el entusiasmo tecnológico: para que la innovación prospere de manera sostenible, es fundamental abordar oportunamente los riesgos monetarios, prudenciales y regulatorios que la acompañan.

Valentina Novoa Hales

Este hecho resulta particularmente significativo, pues evidencia un rol activo y oportuno de las autoridades al anticipar y encauzar discusiones que serán clave para el desarrollo del sistema financiero. La confianza continúa siendo uno de los principales activos sobre los cuales descansa cualquier sistema monetario.

En este contexto, la advertencia resulta especialmente pertinente. La historia financiera muestra que muchas innovaciones han abierto oportunidades significativas, pero también han enfrentado desafíos que han requerido nuevas formas de supervisión, gestión y gobernanza del riesgo. Desde esta perspectiva, las stablecoins no son una excepción. Como señala Naudon, detrás de estos instrumentos persisten interrogantes relacionadas con la confianza, la liquidez, la estabilidad financiera y la capacidad de los emisores para cumplir sus promesas de redención.

No obstante, el debate podría enriquecerse con una pregunta complementaria. Si bien es cierto que las stablecoins pueden entenderse como pasivos privados respaldados por activos tradicionales y, por tanto, compartir muchos de los desafíos que históricamente han acompañado al dinero privado, también lo es que su creciente adopción parece responder menos a la búsqueda de nuevas formas de dinero y más a la necesidad de nuevas formas de infraestructura financiera. Esta distinción, aunque sutil, comienza a ocupar un lugar central en la discusión internacional sobre dinero tokenizado, stablecoins y modernización de los sistemas de pago.

Más allá del instrumento

La discusión internacional parece estar desplazándose precisamente hacia ese punto. Cada vez con mayor frecuencia, las stablecoins dejan de analizarse exclusivamente como criptoactivos para ser examinadas como parte de una conversación más amplia sobre dinero tokenizado, interoperabilidad e infraestructuras financieras digitales.

Desde una perspectiva económica, es razonable afirmar que una stablecoin respaldada por activos líquidos y redimible a la par comparte características con otras formas de dinero privado ya conocidas. Sin embargo, desde una perspectiva operacional, la infraestructura sobre la cual circula introduce capacidades que históricamente no han estado disponibles de forma generalizada en los sistemas financieros tradicionales.

Lo anterior no necesariamente implica que el resultado para los usuarios sea equivalente. En una línea complementaria, Jaz Jorquera ha planteado recientemente que el valor de las stablecoins podría encontrarse menos en cada una de sus funciones consideradas aisladamente y más en la forma en que estas se integran dentro de una misma experiencia para los usuarios. Bajo esta lógica, elementos como pagos, acceso a moneda extranjera, interoperabilidad, disponibilidad continua y programabilidad pueden existir por separado en distintos productos financieros, pero su integración dentro de una misma arquitectura digital puede generar una propuesta de valor distinta para personas y empresas.

La historia de la innovación financiera muestra que muchas transformaciones relevantes no han surgido necesariamente de la creación de funciones completamente nuevas, sino de nuevas formas de combinar capacidades preexistentes. Desde esta perspectiva, quizás una parte importante de la discusión no radique únicamente en determinar si las stablecoins cumplen funciones económicas ya conocidas, sino también en comprender qué nuevas capacidades emergen cuando dichas funciones convergen dentro de una misma infraestructura.

La tokenización permite que activos, dinero y reglas de negocio coexistan en entornos digitales compartidos, facilitando procesos de liquidación prácticamente instantáneos, disponibilidad continua, interoperabilidad entre plataformas y ejecución automatizada mediante contratos inteligentes. Estas capacidades han despertado un creciente interés no sólo en empresas tecnológicas y actores del ecosistema cripto, sino también en bancos, administradores de activos, infraestructuras de mercado y organismos multilaterales que exploran activamente aplicaciones de dinero tokenizado en entornos regulados.

Lo anterior resulta particularmente relevante en ámbitos donde persisten ineficiencias estructurales. Los pagos transfronterizos continúan enfrentando costos elevados, múltiples intermediarios, limitaciones horarias y procesos de conciliación complejos. De forma similar, la gestión de liquidez corporativa, la movilización de colaterales y ciertos procesos de mercado aún dependen de infraestructuras diseñadas para una economía menos digital e interconectada que la actual. En este contexto, la tokenización comienza a ser observada como una herramienta que, en el corto o mediano plazo, podría complementar y modernizar mecanismos existentes, más que necesariamente reemplazarlos.

Quizás por ello la conversación internacional está evolucionando desde una discusión centrada exclusivamente en las stablecoins hacia un debate más amplio sobre dinero tokenizado. Bajo esta mirada, stablecoins, depósitos tokenizados y eventuales monedas digitales de banco central no necesariamente representan alternativas excluyentes, sino distintas expresiones de un ecosistema financiero que busca combinar innovación tecnológica, eficiencia operativa y confianza institucional.

Innovación y gestión del riesgo

Lo anterior no implica desconocer los riesgos. Por el contrario, organismos como el Banco de Pagos Internacionales han advertido que una adopción masiva de stablecoins en su configuración actual podría generar desafíos relevantes para la estabilidad financiera, la integridad del sistema y la transmisión de la política monetaria. Asimismo, los riesgos asociados al lavado de activos, financiamiento del terrorismo, arbitraje regulatorio y protección de consumidores continúan ocupando un lugar prioritario en la agenda regulatoria internacional.

Sin embargo, reconocer la existencia de riesgos no necesariamente conduce a concluir que las stablecoins constituyen únicamente una nueva presentación tecnológica de instrumentos ya conocidos. La propia evolución del mercado parece sugerir que estamos frente a una convergencia entre innovación financiera y modernización de infraestructura.

Desde esta perspectiva, los desafíos regulatorios identificados por los bancos centrales no debieran interpretarse como un freno al desarrollo de estas tecnologías, sino como una manifestación natural de la evolución de los marcos de gestión y gobernanza del riesgo que históricamente han acompañado cada transformación relevante del sistema financiero. Lejos de oponerse a la innovación, la regulación puede desempeñar un rol habilitante al generar condiciones de confianza, certeza jurídica y protección adecuadas para que estas nuevas infraestructuras alcancen escala y madurez.

La innovación financiera y la gestión de riesgos no son objetivos contrapuestos. Son elementos que deben evolucionar conjuntamente para que nuevas capas de infraestructura financiera puedan desarrollarse de manera sostenible y generar confianza en quienes las utilizan.

Esta reflexión resulta especialmente relevante en un contexto donde la conversación pública suele presentar la innovación y la regulación como fuerzas enfrentadas. Sin embargo, la historia del sistema financiero demuestra que las transformaciones más exitosas han sido precisamente aquellas capaces de combinar avances tecnológicos con marcos institucionales que otorguen certeza, legitimidad y confianza a los distintos actores del mercado.

Una discusión que también importa para Chile

La relevancia de esta discusión no se limita a los grandes centros financieros ni a las jurisdicciones donde hoy se concentra el desarrollo de estas tecnologías. También plantea preguntas relevantes para países como Chile, que durante los últimos años han impulsado importantes avances en materia de innovación financiera, sistemas de pago y regulación fintech.

En este contexto, resulta interesante observar que conceptos como inclusión financiera, acceso a servicios financieros e infraestructura de mercado aparecen cada vez con mayor frecuencia en la conversación regulatoria. La propia Comisión para el Mercado Financiero ha destacado la importancia de promover mercados más accesibles, eficientes y resilientes, reconociendo que el desarrollo financiero constituye una herramienta relevante para fomentar un crecimiento económico inclusivo y sostenible.

Bajo esta lógica, la discusión sobre stablecoins y dinero tokenizado trasciende el ámbito estrictamente tecnológico. Si estas infraestructuras logran reducir ciertas fricciones operativas, facilitar la interoperabilidad entre sistemas o ampliar las alternativas disponibles para personas y empresas, podrían transformarse en un complemento relevante dentro de los procesos de modernización financiera que hoy se observan a nivel global.

La pregunta no parece ser si estas innovaciones deben desarrollarse al margen de la regulación, sino cómo integrarlas de manera compatible con los objetivos de estabilidad, confianza e inclusión que históricamente han sustentado el funcionamiento de los sistemas financieros.

Confianza e innovación

Quizás el mayor aporte de la columna de Alberto Naudon consiste precisamente en recordar que, detrás de cualquier innovación financiera, persisten preguntas fundamentales sobre confianza, gobernanza y estabilidad. La historia demuestra que los sistemas monetarios no se sostienen únicamente sobre avances tecnológicos, sino también sobre instituciones capaces de generar credibilidad, gestionar riesgos y resguardar la integridad de los mercados.

Al mismo tiempo, la discusión actual parece sugerir que las stablecoins están comenzando a ser observadas desde una perspectiva más amplia que la de un simple instrumento financiero. La creciente atención que reciben conceptos como dinero tokenizado, interoperabilidad y programabilidad revela que el interés ya no se concentra únicamente en la naturaleza del activo, sino también en las capacidades de la infraestructura sobre la cual este circula.

La historia de las finanzas ha sido, en gran medida, una historia de superposición de capas más que de sustituciones absolutas. Nuevas tecnologías han convivido con infraestructuras preexistentes, adaptándolas, complementándolas y, en ocasiones, redefiniendo algunas de sus funciones, sin necesariamente reemplazarlas por completo.

Quizás, entonces, ambas visiones pueden ser compatibles. Las stablecoins pueden representar, al mismo tiempo, una nueva manifestación de desafíos regulatorios ya conocidos y una oportunidad para repensar ciertas capas de la infraestructura financiera existente. Reconocer una dimensión no implica desconocer la otra.

Al final del día, la discusión parece menos relacionada con determinar si las stablecoins constituyen una innovación radical o una nueva manifestación de desafíos ya conocidos, y más con identificar cómo aprovechar las eficiencias que estas tecnologías prometen generar sin renunciar a los principios de confianza, estabilidad y protección que históricamente han permitido que el dinero cumpla su función en la sociedad.

Porque si algo demuestra la evolución del sistema financiero es que las innovaciones más transformadoras no son aquellas que sustituyen la confianza institucional, sino aquellas que encuentran la forma de construir sobre ella.

Referencias

Cambridge Centre for Alternative Finance, & Financial Innovation for Impact. (2026). Tokenised Money: Use Cases, Interoperability and Regulation. University of Cambridge Judge Business School.

Comisión para el Mercado Financiero. (2025). Estrategia Institucional de Inclusión Financiera.

Hernández de Cos, P. (2026). Stablecoins: Framing the Debate. Bank for International Settlements.

Jorquera, J. (2026, 10 de junio). Stablecoins y los bancos. De Barcos a Bitcoin.

Minto, A., Kosse, A., Shirakami, T., & Wierts, P. (2026). From Cash to Crypto: Towards a Consistent Regulatory Approach to Illicit Payments. BIS Papers No. 166.

OMFIF. (2025). The Future of Tokenised Money and Financial Market Infrastructure.

PwC & Aave. (2025). The Convergence of Traditional Finance and Decentralised Finance: Stablecoins and Tokenised Assets.


*Valentina Novoa Hales es abogada (LL.M., MBA cand.) especializada en regulación económica, fintech y economía digital. Con más de diez años de experiencia en mercados tecnológicos y financieros, se enfoca en el análisis de los desafíos regulatorios que plantea la transformación digital. Actualmente cursa un MBA en OBS Business School – Universitat de Barcelona.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Close