Columnas

8M y la autoestima

En el marco del Día de la Mujer, se aborda la relación entre estereotipos de género y la baja representatividad femenina, destacando cómo la autoestima afecta el rendimiento.

Por Josefa Larraín Errázuriz*

Hace poco más de un mes, leí un estudio que realizaba un análisis del ajedrez y la relevancia de los estereotipos de género. Efectivamente, el ajedrez es un deporte con una alta representatividad masculina y una muy baja representatividad femenina y, dicha brecha, aumenta aún más cuando se analiza la categoría de “grandes maestros”.

Como fanática de la serie “Gambito de Dama” debo reconocer que algo en mi interior siempre se rebeló al pensar: ¿una mujer en plena Guerra Fría llegando al Campeonato Mundial en Rusia? Linda utopía. Y es que así es, una utopía. La representatividad de las mujeres en el ajedrez es menor al 5% y en la categoría de Gran Maestro llega incluso a ser menor al 1%.

Josefa Larrain

Entonces, ¿qué es lo que hace que en dicho deporte la mujer tenga tan baja representatividad? La respuesta a esta pregunta es el motivo principal de por qué hoy se conmemora el Día de la Mujer (y digo conmemora, porque esto no es una celebración, es un llamado de atención).

El estudio señala que el ajedrez tiene una baja participación y representatividad femenina a causa de los estereotipos de género. Es decir, la atribución que se hace a un individuo – sea hombre o mujer- de características o roles específicos por la sola pertenencia al determinado género, es lo que explica la baja participación de la mujer en el deporte que comento.

En efecto, el estudio se basaba en 42 parejas de hombres y mujeres, reunidos por habilidad, a quienes expusieron a jugar ajedrez por internet. Cuando los jugadores jugaban sin conocer el sexo del oponente, las mujeres jugaron igual de bien que los hombres (teniendo proporcionalmente la misma cantidad de victorias y derrotas). Sin embargo, cuando se les señaló a las jugadores mujeres que sus oponentes eran hombres, éstas demostraron una caída drástica en su rendimiento. Por el contrario, cuando falsamente se las hizo creer que jugaban contra alguien del género femenino, se desempeñaron igual de bien que los hombres.

Así, cuando a las jugadoras se les activaba el estereotipo de género y se las hacía creer que estaban jugando en contra de hombres, su comportamiento se debilitaba y los resultados eran peores que de no conocerlos o de considerar que sus oponentes eran mujeres. En otras palabras, es la autoestima de nuestro género la que se debilita al creer estar ante un exponente del género masculino en ciertos rubros (en este caso, el ajedrez) lo que se traduce en una baja en su rendimiento y en una desventaja ante sus pares masculinos.

Por lo tanto, las mujeres están en desventaja en este deporte no porque carezcan de las habilidades o de los conocimientos especiales que requiere, sino que porque abordan el juego con menor confianza y con una actitud más cautelosa.

¿Es esta falta de confianza una condición genética o natural de nuestro género? Evidentemente no. No existe un género que nazca con mayor autoestima y uno con desventaja. ¿Somos nosotras mismas las culpables de tener una autoestima debilitada? Tampoco parece muy probable, al no haber ser vivo que tienda a la autodestrucción.

Por el contrario, la explicación más lógica sobre la responsabilidad ante la autoestima es la sociedad que nos rodea. La autoestima se construye a partir del vínculo con otros y, en razón de ello, se basa el aprecio o valoración que tenemos hacia nosotros mismos. Así, la autoestima es una construcción social y cultural que va moldeando a la persona. Por lo tanto, ha sido el entorno el que ha ido minando nuestra confianza y debilitando nuestra autoestima, perjudicando -como ya se vio- directamente nuestro rendimiento.

Mi llamado este 8 de marzo no es a derribar la brecha de género económica, pues el Foro Económico Mundial estableció que ello ocurriría en 170 años. Mi objetivo no es tampoco romper el techo de cristal en las instituciones, ya que sólo 5% de las gerencias generales en Chile están ocupadas por mujeres. Ni puedo tampoco a través de una columna de opinión, acabar con los micromachismos. Mi llamado, este 8 de marzo, es a educar en la autoestima, de y para las mujeres. Es allí donde -en mi opinión- podemos generar un real cambio.

¿Cuántas de nosotras nos hemos sentido incapaces de lograr un objetivo antes de siquiera intentarlo? ¿cuántas hemos tenido un comportamiento más cauteloso al estar ante hombres en determinadas circunstancias? ¿quiénes no han sentido la necesidad de estar completamente seguras antes de emitir una opinión? ¿cuántas no hemos pedido ascenso por dudar si nos lo merecemos?

Potenciar la imagen que una mujer tiene de sí misma, es precisamente la forma de ayudarla a mejorar su rendimiento y destacar. No tolerar las visiones machistas de un hombre respecto de una mujer, impedirá que los estereotipos de género como los explicados en el artículo, se perpetúen. Educar en la autoestima es tarea de todos y así, más temprano que tarde, la falta o baja representatividad en ciertos rubros será eliminada para siempre.

*Josefa Larrain Errázuriz  Directora de Grupo Arbitraje

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