Columnas
Regulación no es prohibición: Protección de Datos y desarrollo digital en Chile.
Reflexión en torno al debate legislativo sobre el Boletín N°18.060-07.
Por Francisca Ruete*
Tras años siendo un “data paradise”, Chile finalmente se encuentra en la cuenta regresiva para la entrada en vigencia de su normativa de Protección de Datos Personales.
Sin embargo, el pasado 14 de enero ingresó al Senado el Boletín N°18.060-07, que busca precisamente introducir modificaciones estructurales a una ley cuya implementación está aún pendiente. Este escenario nos exige desmontar el mito de que proteger la privacidad de las personas es, por definición, un freno al desarrollo y la innovación en nuestro país.

¿Es la Ley N°21.719 un riesgo para la competitividad?. El argumento central del Boletín descansa sobre una preocupación totalmente legítima: una institucionalidad rígida frena la innovación y el flujo de información.
Chile necesita agilidad, pero es un error estratégico creer que el progreso exige sacrificar la privacidad. Muy por el contrario, la competitividad real no surge de la falta de reglas, sino de la claridad de las mismas.
Regular es profesionalizar, no frenar. Tenemos que despejar el mito de que la normativa inmoviliza el flujo de información. Precisamente lo que hace el nuevo marco regulatorio es una transición desde un manejo informal a una gestión segura y profesional de datos.
La introducción de principios como lo son la responsabilidad (accountability) y la seguridad, no están más que pavimentando un camino seguro. Los modelos de negocios basados en datos deben operar bajo un marco, siendo esto ya no solo una ventaja competitiva, si no el estándar mínimo exigido por mercados internacionales hace años (como el GDPR en Europa).
La confianza como el activo invisible de la economía digital es un punto crítico en el debate. Alimentar una narrativa en que la protección de datos personales es un freno, sugiere que la privacidad de los ciudadanos es incompatible con el progreso del país.
Muy por el contrario, la confianza es la puerta de entrada a la economía digital:
- Sin confianza no hay cliente: si el ciudadano siente que es un objeto de explotación de datos, y no un sujeto de derechos, su respuesta será defensiva, dejará de usar las aplicaciones, entregará datos falsos, se marginará de la innovación, etc.
- Aislamiento como riesgo real: debilitar la narrativa de protección aumenta la brecha con los estándares internacionales. Hoy, la privacidad es un lenguaje universal, y no hablarlo nos deja fuera.
En este sentido, la protección de datos personales no es un lujo, es la infraestructura que da confianza y permite que funcione. Nadie iría a comprar a un mall donde sabe que le robarán su billetera, nadie entrega su identidad digital a un sistema que no le garantiza respeto.
La prosperidad no vendrá de tener las reglas más flexibles, sino las más serias. La legislación desde el temor a regular es precisamente un síntoma de inmadurez digital. Una ley robusta es el sello de calidad que permite innovar y progresar sobre cimientos sólidos, con seguridad.
El desafío que nos queda por delante es entender que la privacidad no es un costo, es el activo que hace viable el mercado. La economía digital debe construirse con confianza, o de plano no se puede sostener.
*Francisca Ruete
Abogada UAI – pumarino.cl
Especializada en Protección de Datos y Ciberseguridad




