Columnas

Transiciones: El arte de preservar el valor en tiempos de cambio

Manuel Blanco C. Socio, Blanco Abogados*

La política chilena nos ofrece por estos días un ejemplo paradigmático de transición, aunque con una particularidad llamativa: el paso del gobierno de Gabriel Boric al de José Antonio Kast invierte la lógica habitual del relevo generacional. Mientras en las familias empresarias la transición típicamente fluye de la experiencia mayor hacia la juventud emergente, aquí presenciamos el camino inverso: de un líder joven a uno de mayor trayectoria. Sin embargo, más allá de esta inversión etaria, persiste lo esencial: un cambio profundo de visiones, prioridades y estilos de gestión.Este proceso, con sus complejidades y riesgos inherentes, es análogo a lo que muchas familias empresarias enfrentan cuando llega el momento de traspasar el patrimonio construido durante décadas.

Manuel Blanco C.

En ambos casos, la clave está en la planificación. Una transición política improvisada puede erosionar instituciones y generar incertidumbre en los mercados. Del mismo modo, una sucesión patrimonial mal ejecutada puede destruir en meses lo que generaciones edificaron con esfuerzo, desencadenando conflictos familiares, pérdidas fiscales evitables y fragmentación de activos.

La transición gubernamental que vivimos nos enseña lecciones valiosas. Cuando hoy se respetan instituciones y cuando existe diálogo entre el equipo saliente y entrante, el país mantiene su estabilidad. Lo mismo ocurre con las familias: las sucesiones exitosas son aquellas donde existe comunicación anticipada, donde se han establecido estructuras claras de gobernanza y donde todos los involucrados comprenden tanto sus derechos como sus responsabilidades.

La diferencia crucial es que, mientras una transición política tiene fecha fija cada cuatro años, las familias pueden, y debieran, planificar su continuidad con mayor anticpación. No basta con redactar un testamento; es necesario identificar liderazgos, construir arquitecturas jurídicas que optimicen la eficiencia empresarial que protejan los activos, establezcan mecanismos de resolución de conflictos y, fundamentalmente, preserven la unidad familiar.

Los instrumentos disponibles son múltiples. Cada familia requiere una estrategia única, diseñada considerando no solo la composición del patrimonio e interés familiar, sino también la dinámica relacional, las competencias de la siguiente generación y el contexto regulatorio vigente.

La experiencia demuestra que las transiciones más exitosas son aquellas donde los fundadores participan activamente en preparar a quienes serán sus sucesores, y donde se ha decantado apropiadamente los intereses familiares a través de los cuales se busca trascender. No se trata solo de transferir bienes, sino de traspasar valores, conocimiento y una visión de largo plazo.

A diferencia de la transición política las familias empresarias tienen la ventaja de poder elegir el momento y las condiciones de su propia transición. Desperdiciar esa ventaja por falta de planificación no es solo un error patrimonial puede implicar una responsabilidad generacional incumplida.

*Director del Departamento de Derecho Corporativo, Universidad Finis Terrae

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