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Disminución diferenciada del IVA: ¿Una solución?

La situación de creciente y sostenida inflación a la que se enfrentan numerosos países, entre ellos el nuestro, conlleva el alza sostenida de los precios de los productos y servicios de consumo básico, y está afectando directa y gravemente a los hogares chilenos medios y vulnerables.

*María Fernanda Heusser

La situación de creciente y sostenida inflación a la que se enfrentan numerosos países, entre ellos el nuestro, conlleva el alza sostenida de los precios de los productos y servicios de consumo básico, y está afectando directa y gravemente a los hogares chilenos medios y vulnerables.

Ante esta situación, aparecen propuestas de distintos sectores políticos clamando por una disminución de la tasa de IVA, tanto sobre productos que conforman la canasta básica como sobre otros artículos de primera necesidad.

María Fernanda Heusser

Sin embargo, el IVA diferenciado tiene, en la práctica, dificultades que no se deben obviar. En primer lugar, aparece la consecuencia de una menor recaudación fiscal, en un momento en que las exiguas arcas fiscales dan la batalla por afrontar los gastos sociales que suponen sobrellevar los efectos del turbulento ambiente que ha vivido Chile los últimos años. En segundo lugar, nos encontramos con la dificultad de asegurar que esa franquicia llegue realmente a las familias necesitadas. En efecto, al establecerse como beneficio generalizado para todo el país, favorece a sectores que no necesitan de esta ayuda del Estado, incurriéndose en una menor recaudación de manera injustificada y evitable.

Finalmente, se deben tener en cuenta ciertos aspectos de la cadena productiva de los bienes, previos a la llegada de estos últimos al consumidor final. En el caso de los productos de la canasta básica, estos son generalmente inelásticos, es decir, tienen una demanda continua en el tiempo. Frente a esa situación los productores podrían verse tentados de trasladar sólo una parte de la rebaja de impuesto al consumidor final, considerando el saldo restante como un mayor margen de ganancias. Por otro lado, el IVA es un impuesto de recargo, por el que se va compensando el crédito y débito fiscal a lo largo de la cadena productiva. Entonces, una disminución selectiva en ciertos productos alteraría esa sincronía. Lo mismo ocurre cuando el bien que goza de la exención parcial es adquirido para transformarlo en otro producto afecto a una tasa general de IVA (por ejemplo, la harina en pasteles o tortas) lo cual genera una distorsión en el proceso respecto al aprovechamiento del crédito.

El IVA tiene, pues, un funcionamiento bastante mecánico y práctico. Y su uniformidad impide distorsiones en la cadena de pago del impuesto. Por ello, la modificación de las reglas del juego puede devenir en una menor recaudación y en la aparición de situaciones elusivas difíciles de fiscalizar.

Es cierto que la situación económica imperante amerita urgentemente una respuesta. Sin embargo, se deben sopesar otras alternativas que focalicen de mejor manera la ayuda estatal, al menos transitoriamente, como pudiera ser el otorgamiento de bonos por parte del Estado que contrarresten el pago del 19% de IVA en los bienes de consumo básicos.

Es evidente que urge una medida de ayuda directa para numerosos hogares chilenos. Pero esta se debe efectuar con responsabilidad, asegurando de manera eficaz la entrega de los recursos a aquellos que lo necesitan. De lo contrario, y a la larga, no vaya a ser que la vaina salga más cara que el sable.

*María Fernanda Heusser Abogado,  Recabarren & Asociados

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