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Hacia una estrategia nacional para combatir la desinformación en línea

"La desinformación en línea es un problema complejo y que irá en aumento dado el creciente uso de las redes sociales como medio informativo. Por aquel motivo, es clave generar espacios de discusión que incentiven encontrar la manera más idónea de implementar una estrategia nacional para combatir la desinformación y así disminuir su efecto negativo".

Por Ricardo Vásquez Dazarola *

El 2021 es un año muy importante para nuestro país. En abril, si la pandemia lo permite, se efectuarán las elecciones más grandes de nuestra historia, donde se elegirán los representantes de la asamblea constituyente, gobernadores regionales, alcaldes y concejales. Y, unos meses más tarde, se realizarán las elecciones presidenciales para el periodo 2022-2026. Todo lo anterior en pleno proceso de vacunación en contra del Covid-19.

En virtud de los desafíos que vienen, es necesario reparar en un tema muy relevante en estos tiempos: la desinformación en las redes sociales y como enfrentar adecuadamente este problema. 

Cabe destacar que este fenómeno ha generado gran atención en otros países con particular énfasis en eventos políticos. Por ejemplo, las recientes elecciones de los EEUU y el consecuente asalto al Capitolio nos demostraron nuevamente la importancia de tener un debate sincero, considerando que la información falsa circulando en las redes sociales puede aumentar la polarización política y la desconfianza en el sistema electoral. En nuestro país, por su parte, durante el estallido social, un porcentaje no menor de ciudadanos estuvo expuesto a noticias falsas; e incluso un artículo indica que se detectaron y bloquearon cuentas de Facebook con origen extranjero por estar relacionadas con operaciones de desinformación. Sin embargo, la desinformación en línea va más allá de eventos políticos. La pandemia del Coronavirus ha dado cuenta a nivel global de la enorme extensión de este problema que incluso puede afectar la implementación de políticas públicas (ej. campañas de vacunación) o derivar en daños físicos a personas e infraestructura. En ese sentido, solo días atrás Facebook bloqueó la cuenta del presidente de Venezuela Nicolás Maduro por violar su política de desinformación sobre el Covid-19 al asegurar que el jarabe Carvativir era la cura para el virus. 

Ricardo Vásquez Dazarola

En consecuencia, considerando el escenario actual de nuestro país que incluye una pandemia junto con el año electoral más importante en décadas, se hace imperativo contar a la brevedad con una estrategia nacional que, respetando la libertad de expresión como derecho fundamental, permita un adecuado enfoque para enfrentar este problema. Dicha estrategia debe tomar en cuenta la experiencia internacional en este campo e incluyendo a mi juicio, las siguientes cuatro líneas de acción: 

En primer lugar, se debe empoderar a la ciudadanía mediante programas de educación literaria dirigido a estudiantes y campañas de sensibilización hacia al público general para enseñar cómo informarse en las redes sociales. Aquí se podría seguir el ejemplo de Suecia que puso en práctica un programa enfocado a incrementar las habilidades digitales de sus estudiantes, incluyendo la detección de noticias falsas.  

Adicionalmente, implementar una red potente e independiente de fact-checkers (verificador de hechos), es necesario para detectar y exponer la desinformación. En este aspecto, la colaboración con medios tradicionales y cumplir con parámetros objetivos como los Principios de la Red Internacional de Verificación de Datos son fundamentales para sus labores y así promover noticias de fuentes fidedignas. 

Por otro lado, aumentar la transparencia en las redes sociales, particularmente durante periodos de elecciones, es primordial para el funcionamiento del sistema. Por ejemplo, se podría fortalecer la legislación electoral con el objeto de transparentar la publicidad de carácter político cómo lo hace el Código de Práctica de la Desinformación en Línea implementada por la Unión Europea. Así se podría detectar fácilmente quien está detrás del financiamiento de las campañas y la publicación de avisos de carácter político. 

Finalmente, la prevención y coordinación directa entre instituciones como la ONEMI o Servel con plataformas sociales (ej. Twitter) es esencial para responder en tiempo real ante eventos extraordinarios. Esto permitiría enfrentar de manera más integral las primeras horas posteriores a una situación de complejidad como un terremoto, considerando las avalanchas de desinformación que se genera y el rol clave que hoy tienen las redes sociales para enfrentar situaciones de emergencia. 

En conclusión, la desinformación en línea es un problema complejo y que irá en aumento dado el creciente uso de las redes sociales como medio informativo. Por aquel motivo, es clave generar espacios de discusión que incentiven encontrar la manera más idónea de implementar una estrategia nacional para combatir la desinformación y así disminuir su efecto negativo. Lo anterior, sin embargo, debe realizarse siempre mediante una mirada multidimensional, como la antes señaladas, y con la participación de diversos actores que permita aplicar en conjunto medidas a corto, mediano y largo plazo dirigidas a producir un real impacto (positivo) en la sociedad.

* Ricardo Vásquez Dazarola es Abogado por la Universidad Adolfo Ibáñez (Viña del Mar) y LL.M. Advanced Studies in Law and Digital Technologies, Universiteit Leiden, Países Bajos. Colaborador de P!ensa.

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