Columnas
Gestión del Cambio y del Conocimiento para Abogados in House: ¿Somos los humanos un obstáculo para la Inteligencia Artificial?
El mes pasado me invitaron a dictar el módulo de gestión del cambio en la MasterClass Legal Ops para In House Ocupados, oportunidad en la que pude escuchar a Rafael Mery -socio Director de Mirada 360- hablar de la gestión del conocimiento en firmas legales.
El mes pasado me invitaron a dictar el módulo de gestión del cambio en la MasterClass Legal Ops para In House Ocupados, oportunidad en la que pude escuchar a Rafael Mery -socio Director de Mirada 360- hablar de la gestión del conocimiento en firmas legales.
Para mi sorpresa el tema me cautivó, así que me apuré a tomar un cuaderno con el logo de Bofill Mir Abogados. Sí, había que anotar rápido, pues el relator no estaba ahí para alargar los minutos. Fue directo al grano y escribí a mano “sin gestión del conocimiento las ideas se quedan en el cerebro del abogado”.

Esta frase me llevó instantáneamente a una columna publicada en este medio (Gestión del Tiempo para Abogados in House: ¿Floto o navego? Segunda Parte) donde cito Folclore y Realidad del Trabajo Directivo (1975), artículo en que Henry Mintzberg afirma que delegar “no se trata de pasar un informe a un subordinado”, pues el directivo “tiene que tomarse tiempo para descargar su memoria”.
Para Mintzberg, este es el gran dilema de la delegación: “hacerlo todo o delegar tareas en sus subordinados pero con información insuficiente”. Cincuenta años después de este clásico artículo del Harvard Business Review, el dilema continúa, solo que ahora -tal como reza la exposición de Rafael Mery- contamos con tecnología que nos permite capitalizar el aprendizaje institucional.
Sí, la inteligencia artificial (IA) realiza búsquedas inteligentes y recupera información fácilmente gracias a las etiquetas que construye. Además, la experiencia personalizada de los usuarios y el análisis semántico permite darle seguimiento -y cumplimiento- a nuestras consultas.
Y es que la IA no solo clasifica información, sino que hace análisis de brechas de conocimiento, crea contenido a través de nuestras preguntas y respuestas, descubre conocimientos, nos da perspectiva y construye patrones, entregándonos conocimiento útil, compartible y accionable. ¿Fabuloso?
Para muchos y para muchas sí, pero para los que se asustan, Rafael Mery aclara que la Inteligencia Artificial no reemplazará al abogado, sino que lo amplificará, pues aún en el 2025, el juicio o el criterio jurídico de los abogados y abogadas sigue siendo lo más importante.
Ahora, si es tan buena la tecnología… ¿por qué falla? ¿Adivinan?
Bueno, a ojos de Rafael y de los más fervientes usuarios y difusores de la Inteligencia Artificial, las herramientas tecnológicas y los algoritmos fallan debido a los seres humanos. Sí, la mayoría de los abogados y abogadas carecen -desde su formación universitaria- de la cultura de compartir, por lo que tienden a conservar el conocimiento y trabajar en silos. ¿Individualistas o competitivos? ¿Egoístas o codiciosos? ¿Desconfiados o asegurados?
Más allá de estas preguntas culturales, solemos estar tan metidos en nuestros asuntos y en nuestras formas de hacer las cosas, que muchas veces no tenemos ni el tiempo ni el interés en aprender nuevas herramientas y seguimos confiando en que la información está en una carpeta o quedó en nuestro correo. ¿Se puede trabajar así en el 2025? ¿Se puede trabajar con grandes volúmenes de informaciones o con datos críticos sin darnos cuenta de los peligros que esto implica? ¿Puede nuestro estudio u organización depender de personas que en cualquier minuto se pueden ir… con el conocimiento?
Con esto en mente, pasé adelante a dictar el módulo de gestión del cambio. Como en tantas oportunidades, el foco de mis intervenciones está puesta en el comportamiento humano. Sí, para ayudar a una persona, equipo u organización a pasar de un Estado Actual a un Estado Deseado, hay que atravesar una serie de creencias limitantes sobre el mundo, los otros y nosotros mismos.
Sí, cuando nos imponen o exigen un cambio desde afuera, se activan nuestras alarmas mentales y tendemos a ver nuestras relaciones como un desafío u obstáculo. ¿Estarán a la altura? ¿Serán capaces de entender lo que pasa? ¿Tienen lo que se necesita para alcanzar los objetivos?
De a poco nos llenamos de interrogantes sobre el comportamiento, las intenciones y los valores de nuestros jefes, colegas o subordinados. También podemos dudar de las competencias del equipo, de lo que mueve a los directivos o del momento que atraviesa la industria, la sociedad y el mercado.
A fuego lento nuestras percepciones sobre las relaciones cambian y pueden evolucionar de considerarlas “ricas, sólidas, necesarias y confiables” a “complejas, sucias, difíciles, innecesarias y francamente innecesarias”. De repente, sentimos que los demás no suman. Nos restan. No ayudan, sino que son un obstáculo para alcanzar las metas institucionales, del equipo o personales.
Y en este contexto brota con facilidad la devoción a la tecnología, pues esta es “simple, entretenida, limpia, desafiante y rápida”. Sí, cada vez es más común escuchar conversaciones optimistas sobre la tecnología y pesimistas sobre las relaciones.
Además, la tecnología nos permite trabajar a distancia (solos) y conectados a los otros. ¿Ventajas? Podemos estar o escondernos cuando queremos. Podemos saltarnos las partes aburridas de las conversaciones -sin que se note- y controlar las relaciones a través de nuestras respuestas. ¿Le respondo ahora o más tarde?
Como si esto fuera poco, ahora puedo conversar y resolver mis dudas con Chat GPT. Pero… pensando en el ejercicio de la profesión jurídica, ¿puede Chat GPT reemplazar las conversaciones entre abogados y abogadas? ¿Puede ChatGPT ayudarnos a comprender mejor a nuestros colegas, clientes y contrapartes? ¿Pueden los modelos de lenguaje de inteligencia artificial ayudarnos a entender a nuestros jefes y a nosotros mismos? ¿Puede esta tecnología hacernos más autorreflexivos? ¿Pueden los Chatbot inteligentes mejorar o ampliar nuestras conversaciones jurídicas?
Temo que todas las respuestas son afirmativas, pues en sesiones de coaching muchos clientes, después de plantearme un tema, se alegran con mi respuesta… pues ChatGPT les dijo lo mismo. Sí, muchos abogados y abogadas ya conversan con Chatbots inteligentes, lo que abre una serie de interrogantes y dilemas éticos que Rafael Mery planteó en su presentación y que dan para otra columna.
Así, hasta para un psicólogo que apenas usa inteligencia artificial, esta es una realidad diaria. ¿Hiciste ese informe con IA? ¿Has probado esta aplicación para registrar nuestras reuniones? ¿Usas Document360 para tus presentaciones? ¿No? ¿Tu empresa usa Notebook LM o Bitrix24?
Sí, aunque mi quehacer sigue girando en torno a las emociones que facilitan o dificultan los cambios en personas, equipos u organizaciones, la tecnología quiere conversar conmigo y sin darme cuenta muchas veces el Chatbot de mi teléfono responde las preguntas de mis clientes. ¡Y no están nada malas las respuestas!
Consciente de estos cambios, asumo que la gestión del conocimiento y instalación de la Inteligencia Artificial en nuestras organizaciones deben ir de la mano de una gestión del cambio extremadamente humana para que los abogados y abogadas no sean el obstáculo para futuros aprendizajes o desarrollos institucionales y para que la tecnología sea un verdadero aliado.