Columnas

Gobierno Corporativo y la Mesa Redonda del rey Arturo (Anthropic)

Por Manuel Blanco*

El Financial Times (FT) reveló hace un par de semanas un dato que debiera alertar a inversionistas que evalúen la salida a bolsa de Anthropic, valorada en hasta US$2 billones: la compañía no está gobernada por su directorio, sino por un pequeño grupo de fideicomisarios externos, el Long-Term Benefit Trust (LTBT), que no posee una sola acción de la empresa, pero tiene la facultad de nombrar y remover a la mayoría de sus directores.

Manuel Blanco

El LTBT está integrado hoy por tres de un máximo estatutario de cinco personas: Neil Buddy Shah, doctor y economista; Ben Bernanke, economista y político estadounidense; y Richard Fontaine, analista de política internacional y CEO del Center for a New American Security. Estos tres han designado a cuatro de los siete directores de Anthropic, entre ellos Reed Hastings, fundador de Netflix, y el CEO de Novartis, Vas Narasimhan. Su mandato es proteger «el beneficio de largo plazo de la humanidad» por sobre la presión comercial.

Cuesta no ver en esta arquitectura un eco de la Mesa Redonda del Rey Arturo. Los caballeros se sentaban en un círculo sin cabecera; los trustees del LTBT tampoco están ahí como accionistas, sino por autoridad moral. Pero a diferencia de Camelot, donde el rey nombra a sus caballeros, aquí son los trustees quienes nombran a la mayoría del consejo. Es la Mesa Redonda eligiendo al entorno de Arturo, no al revés: el control no depende de la buena voluntad del fundador, sino que puede sobrevivirlo.

Hasta ahora, según el FT, el LTBT ha operado «en una capacidad principalmente asesora»: no ha trazado líneas rojas ni forzado un trade-off entre utilidad y misión. Es, por ahora, más Merlín que caballero armado: el conflicto que probaría su capacidad de contención aún no ocurre. El diseño incluye un «kill switch»: los trustees pueden ser removidos con el respaldo del 85% del poder de voto accionario, un mecanismo que probablemente nunca se invoque, pero que disciplina a todos.

La analogía apunta al problema jurídico que el profesor Jesse Fried de Harvard Law School, citado por el FT, describe como un «conflicto estructural» inevitable: la compañía capta fondos de inversionistas que buscan retorno y delega en individuos autodesignados, sin capital propio ni responsabilidad fiduciaria clásica, cuánta utilidad sacrificar en nombre de la misión.

Para quienes seguimos gobierno corporativo y regulación de IA desde Chile, el caso Anthropic ofrece una lección que trasciende su IPO: la proliferación de «guardianes autodesignados», expresión que el FT extiende también a OpenAI, refleja una tendencia de Silicon Valley a diseñar gobiernos que se apartan de las normas de responsabilidad fiduciaria. Son experimentos genuinos, pero plantean la pregunta que todo estudioso de Camelot termina haciéndose: ¿qué ocurre cuando el código de honor se niega a ceder ante el interés del reino? El Rey Arturo se aferró al código hasta que la traición se lo impuso demasiado tarde. Anthropic está a punto de averiguar si sabrá ceder a tiempo.


*Por Manuel Blanco | Socio, Blanco Abogados y Director del Departamento de Derecho Corporativo, Universidad Finis Terrae

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Close